La misericordia nos amó en el abrazo salvífico de Dios

"El Retorno del Hijo Pródigo de Rembrandt," Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia "El Retorno del Hijo Pródigo de Rembrandt," Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia

‘Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia’ (Mateo 5,7)

En mi oficina y en mi casa cuelgan copias de mis pinturas favoritas. Quisiera hablar sobre tres de ellas. El primer cuadro es la pintura El Retorno del Hijo Pródigo de Rembrandt, que cuelga en mi oficina. Pintada al final de su vida, fue una de dos pinturas encontradas en la casa de Rembrandt después de su muerte.

Tonos cafés calmantes y rojos llaman la atención en el ocaso, mientras el padre con los ojos exhaustos de insomnio y el rostro delineado por preocupación abraza a su osado hijo. Después de haber vuelto a tomar conciencia recientemente tras haber tocado fondo, su hijo se arrodilla a los pies de su padre, su rostro sollozante contra el pecho del padre. Su túnica harapienta, cabeza rasurada y sandalias rotas cuentan la historia del viaje desenfrenado que ha tomado y el largo camino que lo ha traído a casa.

Sin palabras, solo misericordia.

El padre tiene que calmar al hijo mayor, quien protesta por el suntuoso banquete desperdiciado en su hermano menor arrepentido. “Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” (Lucas 15,31-32)

‘Lo que pido de ustedes es misericordia’

La Vocación de San Mateo de Caravaggio
"La Vocación de San Mateo de Caravaggio," Iglesia de San Luigi Dei Francesi, Roma, Italia

La segunda pintura, que cuelga en mi sala, es La Vocación de San Mateo de Caravaggio. Un cuarto está dividido en dos escenas que interactúan. A la izquierda, una mesa está rodeada por hombres ocupados con el dinero que están contando; a la derecha, una luz entra en el cuarto arriba de la cabeza de Jesús. Parado con un brazo estirado y un dedo apuntando al otro lado del cuarto, está llamando a un Mateo sorprendido, el publicano pecador, a ser un discípulo.

Misericordia inesperada.

Cenando después en la casa de Mateo, acompañado por una multitud de publicanos y pecadores, Jesús se percata de la pregunta que muchos fariseos hacen a sus discípulos. ¿Por qué socializa con tanta gentuza? Él responde, “No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Pero vayan y aprendan lo que significa: ‘Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.’” (Mateo 9,12-13)

‘Les he puesto el ejemplo’

La tercera pintura es Jesús Lavando los Pies de Pedro de Ford Madox Brown, que también está en mi sala. Los apóstoles observan a Jesús asombrados, mientras él lava los pies de Pedro con la toalla atada a su cintura. Sin embargo, nadie está más sorprendido, perplejo o incómodo como Pedro. Sentado con las manos entrecruzadas, su barba enterrada en el pecho, aguantando el momento más vergonzoso de su vida. La expresión de su cara es invaluable.

Jesús Lavando los Pies de Pedro de Ford Madox Brown
"Jesús Lavando los Pies de Pedro" de Ford Madox Brown, Galería Tate, Londres, Reino Unido

Misericordia en acción.

Los apóstoles necesitan una explicación para esta lección de la Última Cena. Jesús le dice a Pedro, “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.” (Juan 13,8) Y a los apóstoles les dice, “¿Saben lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman ‘maestro’, y ‘Señor’; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he puesto el ejemplo, para que lo mismo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan.” (Juan 13,12-15)

La quinta bienaventuranza nos invita a aceptar la invitación de Jesús a “Ser misericordiosos, como su Padre es misericordioso.” (Lucas 6,36) Cultivar la misericordia comprueba que somos hijos de Dios, quien es amable con los ingratos y los malvados. La misericordia de Dios es ese gesto de perdón inesperado, inmerecido y abundante que nos limpia. No estaríamos en ningún lugar sin su misericordia, arraigada en su eterno amor por nosotros.

En La Búsqueda de la Felicidad — El camino de Dios, el padre dominico Servais Pinckaers escribe, “Más allá de acciones injustas supuestas, la misericordia considera a la persona, siempre capaz de regresar a la justicia con la ayuda de la gracia de Dios y continúa amándola a pesar de los males que ha hecho. En los ojos del hombre misericordioso, la conversión de un corazón a la justicia sobrepasa a todo daño externo que este pueda sufrir.”

Un hijo delincuente es restaurado a su hogar con un banquete suntuoso; un pecador público es llamado a ser discípulo y acoge a un huésped inesperado para la cena; los pies de un apóstol desconcertado son lavados en la Última Cena. El Señor Jesús vino a llamar a pecadores, porque él es la expresión de anhelo y confianza en el Padre de que todos los que han perdido su camino pueden cambiar su actitud. Y lo harán con su gracia.

Nosotros, los bienvenidos-a-casa, los discípulos-pecadores, los avergonzados-con-los-pies-limpios, debemos tener esa misma confianza y esperanza. Poner la misericordia en acción significa nunca renunciar al pecador — especialmente el que parece una causa perdida — sino amarlo y rezar para conducirlo hacia el abrazo salvífico de Dios. Nosotros mismos estamos ahí solo por un acto de tierna misericordia.

Noroeste Católico – abril 2016

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

Website: www.seattlearchdiocese.org