Las obras de misericordia: Marco de toda vida Cristiana

Illustration by Ellen Bollard Illustration by Ellen Bollard

Primero de una serie

Durante su homilía para la canonización de Sn. Junípero Serra el 23 de septiembre, el Papa Francisco reflexionó sobre tres de sus temas favoritos: la insondable misericordia del Padre, la alegría del seguimiento del Señor Jesús, y nuestra responsabilidad del uno por el otro.

“El espíritu del mundo nos dice que hay que ser como todos los demás”, dijo, “acomodarnos a lo más fácil.” Confrontados por esta manera de pensar, ‘tenemos que retomar nuestra convicción de que nos necesitamos unos a otros, de que tenemos una responsabilidad compartida hacia los demás y hacia el mundo”. Es nuestra responsabilidad proclamar el mensaje de Jesús. Porque la fuente de nuestra alegría es “ese interminable deseo de ofrecer misericordia, como fruto de nuestra experiencia en el poder de la misericordia infinita del Padre.”

Los cristianos no se doblan, ni se mezclan o siguen a la multitud ciegamente aceptando la sabiduría convencional del momento, sin antes preguntarse si ésta es compatible con la fe en Jesús. Esto es porque nosotros no vemos a Jesús solo como otro más entre los muchos guías espirituales a través de la historia.

Habiendo aceptado a Jesús como el Hijo de Dios, Salvador del mundo y Señor, nos damos cuenta que nada puede ser igual para nosotros nunca más. Nuestras vidas deben parecerse — y ser — como la de Él. Aún más, su vida debe ser nuestra vida, y nos vemos a nosotros mismos como sus instrumentos.

El Jubileo de la Misericordia, que empieza el próximo 8 de diciembre, será un recordatorio de lo que significa la misericordia de Dios para nosotros y de cómo nos llama a ser también nosotros misericordiosos. Un modo de entender nuestra vida entregada a Cristo es recordar las obras espirituales y corporales de misericordia, serán los anteojos a través de los cuales veremos a todos los que encontremos.

Amar como Jesús ama

Las obras espirituales de misericordia son: instruir al ignorante, aconsejar al dudoso, convertir al pecador, consolar al afligido, perdonar las injurias, soportar con paciencia los errores y rezar por los vivos y por los difuntos.

Las obras corporales de misericordia son: alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al vagabundo, visitar al enfermo y al prisionero y sepultar a los difuntos.

Los cristianos no usamos cortinas o lentes color de rosa sino que buscamos oportunidades de amar como Jesús ama, amar con el amor de Jesús. Habiendo encontrado cara a cara su misericordia, buscamos modos de compartir esto con alguien más. Las obras de misericordia nos invitan a centrar nuestra atención en los demás, a estar alertas de sus necesidades espirituales, emocionales y corporales.

Pero primero tenemos que darnos cuenta de su condición.

Un detalle resalta en la parábola usada por Jesús acerca del hombre rico (Dives, la palabra latina que significa “rico”) y el pobre Lázaro: No fue solamente que el rico no ofreció ninguna ayuda a Lázaro que yacía a su puerta, sino que ni siquiera notó que Lázaro estaba ahí (Lucas 16,19-31).

En otras palabras, en su vida, el cristiano no solo “se parece a” Jesús, también “ve como” Jesús.

Las obras de misericordia empiezan en nosotros cuando nos abrimos a los que están a nuestro derredor, cuando los vemos a los ojos, cuando nos damos cuenta de su presencia. No podemos permanecer indiferentes cuando nos exponemos a los necesitados, porque nos hablan sin palabras y apelan al amor de Jesús en nuestro interior. Jesús quiere responderles a través de nosotros. ¿A quién más enviaría sino a uno de sus discípulos?

La fábrica elemental de vida

A los adolescentes que se están preparando para recibir el sacramento de la confirmación se les pide que realicen cierta cantidad de servicios como un modo de adentrarlos en las obras de misericordia. Cuando escriben las cartas para su confirmación, con frecuencia mencionan lo que hicieron en esos servicios: visitaron enfermos, juntaron comida para los pobres, cuidaron niños durante la misa, etc. Con frecuencia me siento conmovido al ver como estos servicios tocaron sus corazones.

Al mismo tiempo, me pregunto si algunas veces no estamos presentando estos servicios simplemente como un requisito para recibir algo y no más bien como una iniciación a lo que debería ser el resto de sus vidas. Si vemos las obras de misericordia como trabajo voluntario añadido al resto de nuestra existencia, nunca “nos pareceremos a” o “veremos como” Jesús, o no nos descubriremos a nosotros mismos como instrumentos. Las obras de misericordia son el marco de toda vida cristiana. Lejos de ser horas de trabajo voluntario agregadas en nuestro trajín, son más bien el telar elemental en el que se entreteje el resto de nuestra vida.

Sin duda el trabajo voluntario es de gran ayuda a los necesitados. Sin embargo, las obras de misericordia son esencialmente diferentes. Primero, porque me llevan a reconocer que por ser yo cristiano, los necesitados me demandan. Segundo, ellas son el marco de toda vida cristiana y su misión es llevarme a un encuentro con Jesús – Yo lo encuentro en los necesitados, y ellos lo encuentran en mí.

Dives era rico en dinero, pero Dios es Dives in misericordia, rico en misericordia. Sus riquezas son las riquezas que compartimos en las obras de misericordia. Sus riquezas son las que nos alimentan a nosotros y a aquellos que lo encuentran en nosotros.

Como parte del Jubileo de la Misericordia, en mis siguientes dos artículos reflexionaré en lo que son las obras espirituales y corporales de misericordia en la vida práctica.

Read the English translation of this column: Works of Mercy.

Noroeste Católico – noviembre 2015

Arzobispo J. Peter Sartain

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