Más maravilloso que los milagros

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Estábamos muertos en el pecado, pero hemos vuelto a la vida en Cristo — ahora debemos comenzar a vivir como Él vivió

En los Hechos de los Apóstoles 3,1–10, Sn. Lucas relata la curación del mendigo lisiado en la puerta hermosa del templo en Jerusalén. Después de que el hombre fuese curado, entró en el templo con Pedro y Juan, “Caminando y brincando y alabando a Dios.” Él seguía aferrado a ellos cuando Pedro comenzó a dirigirse a la gente.

“Ustedes Israelitas ¿por qué están asombrados con esto, y por qué nos miran tan intensamente como si nosotros lo hubiéramos hecho caminar por nuestro propio poder o piedad? ...Este hombre, a quien ustedes han visto y conocido, [Jesús] el nombre lo ha hecho fuerte, y la fe que viene a través de Él le ha dado esta salud perfecta, en presencia de todos ustedes.” (Hechos 3,12-16) En otras palabras, no hemos sido nosotros quienes lo hemos curado. Fue Jesús.

Yo me pregunto si el mendigo, ahora curado de su aflicción física, perseveró y vivió un nuevo estilo de vida después de ese jubiloso día.

Con la curación viene la responsabilidad

Un feligrés que se había sometido a una seria cirugía me mostró una carta que el doctor le había escrito a su esposa indicando que él ya no necesitaba ninguna atención médica. La carta decía algo así: “Estimada Sra. Smith, me complace informarle que su esposo se ha recuperado por completo de la cirugía. No hay restricciones en su actividad, a excepción de una: nunca podrá aspirar los pisos. Atentamente, Dr. Jones.” ¿Adivinen quién dictó la carta?

Un día me encontré con un viejo amigo en un día de campo. Él había estado deshabilitado durante meses después de un ataque cardíaco casi fatal. “Te ves genial,” le dije. “Sí,” el me respondió, “y también me siento genial.” “¿Te ha impuesto el médico alguna restricción en tu dieta?”, le pregunté. Él contestó con una sonrisa burlona, “Me dijo que podía comer todo lo que quisiera. Me tomó mucho tiempo encontrar a ese doctor.”

No es inusual que los médicos brinden a los pacientes consejos para romper hábitos y alterar sus vidas, en especial después de recuperarse de una enfermedad grave: Baja 20 libras; deja de fumar; haz ejercicio; mantente alejado de los alimentos grasosos; reduce el consumo de alcohol; evita la cafeína. El consejo se da con el objetivo de mantener y mejorar la salud del paciente y prevenir una recaída peor que la enfermedad.

Por más que tratamos de dar excusas, por mucho que nos guste comer lo que nos gusta y hacer lo que nos gusta, por más que nos gustaría encontrar un médico que nos diga lo que queremos escuchar, sabemos que algo debe cambiar después de que nos hayamos recuperado de una enfermedad grave. Con la curación viene la responsabilidad de una vida sana.

En su aparición a los apóstoles después de la Resurrección, Jesús les mostró sus manos y sus pies — sus nuevas manos y pies resucitados — y les abrió la mente a lo que las Escrituras habían dicho, que el Cristo sufriría y resucitaría al tercer día, y que el arrepentimiento para el perdón de los pecados sería predicado en su nombre a todas las naciones.

Varios pasajes del Evangelio hablan de sucesos en donde Jesús sanó o perdonó y dijo, “Vete y no peques más”. Como resultado de su regalo, los sanados y perdonados debían tomar una nueva vida, una vida resucitada. Los primeros cristianos tenían una comprensión similar del deber que tenían aquellos que habían sido sanados del pecado y salvados de la muerte en el bautismo. Como resultado de esta sanación de sanaciones, este regreso de la muerte, los cristianos debían vivir una nueva vida.

¿Nuestras vidas dan testimonio de nuestro bautismo?

Sn. Pablo enseña que a medida que reconocemos la nueva vida que nos ha dado la muerte y la resurrección de Cristo, también debemos reconocer que hay ajustes que alteran la vida. Las cosas deben cambiar porque las cosas han cambiado. Hemos sido sanados — ¿por qué querríamos volver a estar enfermos? Estábamos muertos en el pecado, pero hemos vuelto a la vida en Cristo — ¿por qué querríamos volver a caer en viejos hábitos letales? Hemos sido encontrados — ¿por qué querríamos perdernos de nuevo? Éramos esclavos, pero hemos sido liberados por Cristo ¿Por qué querríamos regresar a la esclavitud?

El tiempo de Pascua es el mejor momento para preguntarnos si las vidas que llevamos, las palabras que decimos y las prioridades que establecemos dan testimonio de nuestro bautismo en Cristo. Durante la Cuaresma nos tomamos el tiempo para examinar nuestra necesidad de arrepentirnos, de guardar a la persona antigua. La Pascua nos ofrece la oportunidad de vestirnos en Cristo, de preservar y fortalecer la salud — la vida — que Él ha restaurado.

Los que fueron sanados y perdonados por el Señor a menudo se convirtieron en evangelizadores. El lisiado caminó, el mudo habló. Debió ser una escena alegre e increíble, una escena que no se olvidará pronto. “¡Mira lo que hizo por mí!”, deben haber exclamado. Sin duda, algunos espectadores estaban más fascinados por los milagros que por el mensaje, definitivamente no se podía negar el antes y el después.

Aunque los milagros de Jesús se muestran tan maravillosos, debe haber sido aún más maravilloso cuando aquellos que habían sido sanados por Él, comenzaron a vivir como Él.

Los cristianos son el signo de que el Reino de Dios está aquí. Hubo un antes, pero nosotros somos un pueblo del después. Que todo de nosotros nos guie a la presencia del Cristo Resucitado.

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Noroeste Católico – Abril 2018

Arzobispo J. Peter Sartain

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