Planeando y rezando por el futuro de nuestra Iglesia

Correction: The photo of Old St. Cecilia pictured above is of Old St. Cecilia in Stanwood, not Old St. Cecilia on Bainbridge Island. Correction: The photo of Old St. Cecilia pictured above is of Old St. Cecilia in Stanwood, not Old St. Cecilia on Bainbridge Island.

Amenudo pienso en el primer obispo del territorio que ahora constituye la Arquidiócesis de Seattle, A.M.A. Blanchet. El papa lo nombró obispo de Walla Walla en 1846 y lo transfirió a la recién creada Diócesis de Nesqually en 1850. El Obispo Blanchet dio el nombre de Santiago Apóstol a su catedral en Vancouver, una sencilla construcción que personificó los principios humildes de la Iglesia en el Pacífico Noroeste.

Como muchos de sus contemporáneos, el Obispo Blanchet escribía un diario, el cual todavía tenemos en su mayor parte. Valoro particularmente su comienzo el 23 de enero de 1851:

“El Santísimo está reservado en el tabernáculo por primera vez desde la fundación de la Misión en Vancouver. El tabernáculo está forrado solamente con algodón blanco mientras conseguimos alguna seda. La iglesia, dedicada al apóstol Santiago, es verdaderamente ahora Casa de Dios y Puerta del Cielo. Ya podemos afirmar: el Señor ha santificado esta casa que fue construida para establecer aquí su nombre, y sus ojos y su corazón siempre estarán presentes.”

Y en efecto, lo están.

Sería muy poco decir que en 1850, el Obispo Blanchet tenía escasos recursos; pero emprendió una campaña para fortalecer la naciente y remota comunidad católica que vivía en este territorio. Un puñado de sacerdotes habían servido aquí por un tiempo y habían formado a catequistas para ayudarlos. A los seis años de su nombramiento como obispo, las Hermanas de la Providencia llegaron para cuidar, en el nombre de Jesús, a cualquier persona que los necesitara. La Iglesia creció a medida que los pueblos nativos se convirtieron, colonos llegaron y generaciones de familias formaron sus hogares aquí.

Con el crecimiento, se suscitó la necesidad de planear: planear parroquias y misiones donde la Eucaristía pudiera ser celebrada, la fe pudiera ser transmitida y los pobres pudieran ser amados. Planear escuelas, hospitales y orfanatorios. Planear la formación de sacerdotes y monjas, seminarios y conventos. Planear todo tipo de apostolados. Planear para todas las personas que vivieran aquí en el futuro.

Una iglesia fuerte, llena de fe

Cada generación de católicos del oeste de Washington ha tomado parte en alguna etapa de la planeación, y es importante que no olvidemos el beneficio que recibimos de su previsión y especialmente de su confianza en el Señor. No solo nos apoyamos en sus hombros, literalmente adoramos en las iglesias que ellos construyeron, aprendemos en las escuelas que ellos establecieron, recibimos sanación en los hospitales que ellos abrieron, etc.

Ahora nos toca a nosotros planear el futuro de esta arquidiócesis con la misma fe, esperanza y confianza en el Señor que marcó nuestros primeros años y que han sido nuestro cimiento desde entonces. Un distintivo de la Iglesia por todo el mundo es que las poblaciones se desplazan, necesitan cambiar, y las vocaciones siempre debe ser promovidas y alimentadas.

Tenemos la bendición de vivir en una época de rápido crecimiento y ese crecimiento conlleva grandes responsabilidades. Como los buenos administradores de los cuales Jesús hablaba en sus parábolas, estamos llamados de ver la misión de la Iglesia — nuestra misión — y con ella, las tendencias demográficas actuales y futuras en el oeste de Washington.

En consecuencia, estamos llevando a cabo un proceso de planeación pastoral y estaremos indagando sobre las necesidades de nuestras comunidades y parroquias: ¿Dónde viven y donde vivirán en los próximos 50 años? ¿Tenemos las parroquias, misiones e instalaciones adecuadas para servirlos y darles un lugar para vivir su llamado como católicos bautizados? Considerando la falta de sacerdotes, ¿cuál es la mejor manera de asegurarnos que habrá misas para todos sin tener que viajar grandes distancias?

Este proceso requerirá la participación de todos los católicos, aunque inicialmente involucrará primordialmente cuatro decanatos: Seattle Sur, Pierce, Seattle Norte y King Sur.

Miraremos de cerca la situación actual de nuestro clero y cómo mejor asignarlos en estos decanatos. También analizaremos cómo podemos unirnos como arquidiócesis para crear una cultura espiritual donde naturalmente y con entusiasmo se rece por las vocaciones, especialmente al sacerdocio y a la vida religiosa.

Aquellos que nos precedieron no siempre usaron las palabras “planeación pastoral” pero ciertamente nuestros predecesores en la fe planearon bien y nos legaron una iglesia que es fuerte y llena de fe y amor. Así como hemos sido bendecidos por su buena administración y sacrificios también nosotros debemos realizar una buena administración para bendecir a las futuras generaciones. Les mantendremos informados y pediremos sus consejos y comentarios al ir avanzando en el proceso. Pido especialmente sus oraciones.

Lo más importante de recordar es que confiaremos en la providencia de Dios. Dios en su bondad nos guiará precisamente a donde Él quiere que estemos, como siempre lo ha hecho.

“Sus ojos y su corazón siempre estarán allí.”

Read the English translation of this column: Planning and Preparing for the future of our church.

Noroeste Católico – octubre 2015

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

Website: www.seattlearchdiocese.org