Sigue el camino más elevado

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En una era de terrorismo y odio, somos llamados a ser personas de paz, que siguen el camino elevado de Jesús

A través de los años, he tenido muchas conversaciones acerca de seguir “el camino más elevado”. Pienso en el camino más elevado como la vía de la reconciliación, la senda de la paz, la ruta de la humildad, el camino para cuidar la lengua, el sendero del no desquitarse. He tenido la mayoría de estas conversaciones conmigo mismo al decidir qué hacer en ciertas situaciones. Pero en ocasiones, cuando hablo con mis amigos o cuando doy consejo a alguien que me lo ha pedido, ha surgido la idea del camino más elevado. Es un camino difícil de seguir y a veces lo hacemos pataleando y gritando.

No así el Señor Jesús.

Jesús gustaba del profeta Isaías y parecía sentirse atraído en especial hacia aquellos pasajes sobre “el Siervo de Dios”, reconociendo en ellos la voluntad de su Padre Celestial sobre Él. Los pasajes del siervo también le recordaban al pueblo de Israel su misión de ser luz para las naciones y profetizaban de aquél que traería la verdadera liberación. Esos pasajes sugieren que el que habría de venir tendría estatura real, pero ofrecen un giro sorpresivo: Este reino no llegará a través de una conquista militar sino a través de medios deliberadamente no violentos.

              … para que Él dicte el derecho a las naciones.
No vociferará ni alzará el tono,
              y no hará oír por las calles su voz.
No partirá la caña quebrada
              ni apagará la mecha mortecina. (Isaías 42,1-3)

En otras palabras, el siervo de Dios no alzaría su voz ni gritaría por las calles para atraer la atención hacía sí mismo, ni predicaría la venganza, porque su fuerza sería de un orden distinto. Él trataría a los demás con un amable respeto y no haría nada para destrozar un corazón ya herido. Si hallara una mecha humeante, nada haría para apagarla, porque siempre hay esperanza en la fidelidad de Dios, que puede lo imposible. Él trazaría el camino de la paciencia y la humildad, uno que mirara solo a Dios buscando fortaleza y sabiduría.

El camino más elevado.

Al meditar Isaías y el pueblo de Israel en estas palabras proféticas, encontraron a la vez desafío y esperanza. Ellos creían que Dios iba a establecer la justicia en la tierra y traería el tipo de sanación y reconciliación que ellos no lograran conseguir por ellos mismos. Pero nunca hubieran imaginado que el siervo que esperaban sería el hijo de Dios mismo. Solo la intervención divina de la magnitud de la Encarnación podía romper el ciclo de violencia y egocentrismo al que la humanidad había sucumbido por el pecado.

La trágica realidad del terrorismo está muy presente en las noticias y en nuestra mente en estos días. En su mensaje para la Jornada Mundial por la Paz hace muchos años, Sn. Juan Pablo II escribió, “El terrorismo nace del odio y engendra aislamiento, desconfianza y exclusión. La violencia se suma a la violencia, en una trágica espiral que contagia también a las nuevas generaciones, las cuales heredan así el odio que ha dividido a las anteriores”. El ciclo de violencia es difícil de romper, pero el Señor Jesús ha mostrado el camino: el difícil pero liberador camino más elevado del perdón y la misericordia.

Sn. Juan Pablo añadió, “En efecto, el perdón comporta siempre a corto plazo una aparente pérdida, mientras que, a la larga, asegura un provecho real. La violencia es exactamente lo opuesto: opta por un beneficio sin demora, pero produce perjuicios reales y permanentes. El perdón podría parecer una debilidad; pero hace falta una gran fuerza espiritual y una gran valentía moral.”

El humilde siervo e Hijo de Dios fue fuerte y valeroso. ¿Quién entre nosotros tendría el valor de hacer lo que Él?

El Dr. Martin Luther King Jr. dijo alguna vez, “La no violencia significa evitar no solo la violencia física externa sino también la violencia interna del espíritu. No solo te rehúsas a matar a un hombre … te rehúsas a odiarlo”. Aparentemente el camino más elevado, no solo es “elevado”, sino también nos conduce a lo más profundo.

Ahí yace el desafío para nosotros, un reto declarado en esta era del terrorismo. Nuestra fe en el Señor Jesús nos conduce por una vía distinta, recorriendo el camino más elevado, un sendero cuya ruta llega a lo más profundo mediante un incesante examen de conciencia. ¿Alguna vez me valgo de la agresión o la venganza para conseguir “victorias” inmediatas? ¿O más bien ofrezco y busco el perdón, que construye una paz duradera?

Este año, el Papa Francisco ha dedicado su mensaje para la 51ª Jornada Mundial de la Paz a los migrantes y refugiados, quienes buscan construir una vida mejor para ellos mismos porque sus países de origen no brindan lugares de paz. ¿Quién de nosotros no anhelaría vivir en una tierra que no sea constantemente (y literalmente) sacudida por la guerra y el terrorismo? ¿Quién de nosotros no quisiera vivir en una tierra donde pudiéramos proveer con amor a nuestros hijos y a nuestros padres ancianos? ¿Quién de nosotros no soñaría con vivir en una tierra donde pudiéramos vivir nuestra fe sin temor?

El Papa Francisco nos desafía a acoger al “extranjero” justamente porque estamos llamados a ser personas de paz, que caminan el camino más elevado de Jesús. Nos recuerda que otros lo han hecho antes que nosotros y cita a la heroína de la Iglesia en el Oeste de Washington, la Madre Cabrini:

“Entre ellos, recordamos a Sta. Francisca Javiera Cabrini este año que marca el centésimo aniversario de su muerte. … Esta mujer extraordinaria, que dedicó su vida al servicio de los migrantes y se convirtió en su santa patrona, nos enseña a acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos. Que a través de su intercesión, el Señor nos permita a todos experimentar que ‘los que procuran la paz siembran con la paz frutos de justicia.’” (Santiago 3:18)

El Camino Elevado es el Señor Jesús mismo, el Camino, la Verdad y la Vida. 

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Noroeste Católico – Mayo 2018

Arzobispo J. Peter Sartain

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