Canales vivientes

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Los nuevos discípulos

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Ciudad de Panamá, donde miles de jóvenes de todo el mundo se reunieron en torno al Papa Francisco.

Escuchar, aprender, profundizar, discernir, alabar, agradecer, digerir, compartir, buscar. Todas esas fueron actitudes a las que se nos invitó a todos los presentes a imitar, contemplando el modelo de la Sta. Virgen María que proclamó: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Aprovechando la imagen del territorio nacional por el cual Panamá es mundialmente conocido, el Papa Francisco invitó a todos los panameños y a todos los jóvenes del mundo a ser, como esa pequeña nación, “canales vivientes” entre dos océanos. El Papa usó la analogía del inmenso océano de la sabiduría del Dios y el océano de nuestra humanidad, en donde Dios escogió nacer gracias a la total confianza y docilidad de María, para invitarnos a todos a ser canales del amor alegre de Dios para todos.

La visión y arrojo de grandes líderes y empresarios, unida a la indomable voluntad de superar toda clase de obstáculos de muchos y el enorme sacrificio de miles de hombres logró esa fantástica obra de ingeniería hace más de cien años. Ese canal hizo más rápido y más accesible el comercio y la comunicación entre los distantes continentes de la tierra. La tecnología actual logró hace apenas unos años, expandir el canal al doble de su capacidad en un tiempo récord, haciéndonos valorar mayormente el enorme trabajo realizado hace un siglo.

La mayoría de los eventos en Panamá fueron realizados en español, pero eso no fue obstáculo para los jóvenes de tantas lenguas y culturas diversas de conectar la profundidad de las aguas de su fe con las profundidades de las aguas de la fe de esos otros jóvenes venidos de otros océanos, con diferente visión, pero con igual audacia por ofrecer sus riquezas y recibir las riquezas de otros.

Sin duda alguna se respiraba energía y vitalidad por todas partes de la ciudad en esos días gracias a la presencia de jóvenes de todo el mundo. Qué hermoso y sobrecogedor es contemplar esos miles de almas proclamando a gritos su fe imitando a María, para ser canales como ella de la misericordia de Dios que no se cansa jamás de construir nuevos canales para ofrecer a sus hijos tantos productos aún desconocidos o inasequibles para muchos en el mundo.

En su carta a los Romanos Sn. Pablo escribe: “Los exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcan vuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: este es su culto espiritual. Y no se acomoden a este mundo, sino por el contrario, transfórmense con una renovación de la mente, para que puedan discernir cual es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto”. (Romanos 12,1–2)

María, la joven discípula, atenta a discernir, supo identificar la voluntad de Dios sobre ella. Convertirse en el canal que Dios quería de ella implicó muchos sacrificios de su parte para hacer que las profundidades del océano de Dios se encontraran con el nivel de las aguas humanas. Gracias al profundo discernimiento de esa jovencita judía, hemos podido descubrir y gozar de nuevos productos sorprendentes de alegría, justicia, fraternidad, pureza y libertad accesibles hasta entonces solo para unos cuantos, pero que empezaron a fluir abundantemente para todos a través del hermoso canal de su vida confiada en la sabiduría del ingeniero divino.

Viendo a esos miles de jóvenes de todas las razas, yo estoy seguro y confiado que Dios sigue y seguirá construyendo nuevos canales de perdón, de pureza, de justicia, para que sus divinas aguas sigan derramándose sobre el mundo y florezcan nuevas formas de humanidad según Su Voluntad.

El flujo de la marea en las costas panameñas, cada cinco horas transforma radicalmente el atractivo panorama playero en fango desolador. Como las aguas del océano, la marea divina siempre regresa a las costas humanas para hermosearlas y hacerlas germinar. Necesitamos ser todos nosotros, particularmente los jóvenes, nuevos canales vivos que conecten la inmensidad del océano de su misterioso amor con el océano de nuestra humanidad para navegar a nuevas profundidades. María, como brillante estrella, nos hará sorprendentes canales, como ella, para que tantos otros naveguen confiados hacia las profundidades de Dios.

Unidos en la travesía.

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Noroeste Católico – Abril 2019

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.

Website: www.seattlearchdiocese.org/Archdiocese/auxiliaries.aspx