Creyentes boquiabiertos

El asombro Eucarístico

Perseveraban asiduamente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. El temor sobrecogía a todos, y por medio de los apóstoles se realizaban muchos prodigios y señales.” – Hechos 2,42–43

Nunca terminaremos de desentrañar el gran misterio y prodigio de la Eucaristía. Ante ello siempre terminamos cayendo de rodillas y con la boca abierta, llenos de asombro. Cómo no asombrarnos cuando los creyentes de todos los siglos, alimentados con el pan y el vino transformados en el Cuerpo y la Sangre de Jesús han enfrentado toda clase de desafíos por el mundo, proclamando con su servicio amoroso que: “Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo vendrá de nuevo”.

La Eucaristía es la fuente y la cumbre de la vida de todo bautizado. Es la fuente porque de ella dimana la proclamación de la resurrección de Cristo Jesús, nos purifica de nuestros pecados y nos envía como testigos. Es la fuente, porque en ella damos gracias por ser invitados al banquete de esta vida que Jesús amó y disfrutó hasta el extremo.

Es la cumbre, porque en ella nos unimos a Jesús al comer su cuerpo y beber su sangre y nos encontramos con cada hombre y mujer creyentes del mundo en perfecta fraternidad. “Es la cumbre porque en ella se unen el cielo y la tierra en una acción cósmica que baña a toda la creación y le regresa al Padre la creación redimida” (cfr. Papa Sn. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia).

La Eucaristía seguirá por los siglos siendo asombro al ver la sonrisa y la paz en un moribundo al recibir en su boca apenas un fragmento de ese pan, aún en medio de terribles dolores físicos. Asombro por la esperanza de futuro que ofrece a los prisioneros como el Venerable Francisco Xavier Nguyen, a pesar del pasar de los años en una celda: “Jesús comenzó una revolución en la cruz. Nuestra revolución tiene que comenzar en la Eucaristía y de ahí al mundo. En este modo renovamos a la humanidad”.

Nuestras bocas abiertas ante Jesús nos recuerdan a los 5,000 hombres siguiéndolo por todos lados, hasta el punto de olvidarse de prever llevar comida (cfr. Mateo 14,14-21). Jesús Eucaristía sigue saciando el hambre de la humanidad. Esa hambre de lo divino es lo que nos hace tener abiertas las bocas de nuestra alma, para ser saciadas espiritualmente. En esta pandemia en que “no podemos recibir el Cuerpo de Cristo sacramentalmente, hacemos una comunión espiritual, que imprime el amor de Dios en nosotros”, como escribió Sta. Teresa de Ávila.

María, al concebir en su vientre el cuerpo de su hijo, se anticipó a lo que sucede en nosotros al recibir la comunión. En su fe, ella creyó concebir al Hijo de Dios. Nosotros creemos que Jesús está plenamente presente en nosotros al comulgar. Seamos como ella, tabernáculos móviles, cantando con nuestras existencias un Magnificat, alabando
a Dios por su asombroso don. 

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Northwest Catholic - June 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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