Ecología humana

El ecosistema Cristiano

"Y los bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que reptan por la tierra. Y he aquí que os he dado todas las plantas portadoras de semilla; esto os servirá de alimento. A todas las fieras, a todas las aves del cielo, a todo ser vivo, la hierba verde Le servirá de alimento. Y así fue. Y vio Dios que todo lo que había hecho era muy bueno”. (Génesis 1,28-31)

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho”. (Juan 1,1-3)

Los que tenemos el privilegio de habitar en esta región del país, pregonamos que nuestro entorno está siempre verde gracias a la abundante lluvia aun en tiempo de verano. El crecimiento de nuestras ciudades está, sin embargo, haciendo disminuir las zonas verdes de las montañas y campos circundantes.

El entorno urbano congrega a multitudes porque nuestros sistemas económicos han roto el balance de oportunidades de vida y trabajo en las zonas rurales. Al punto de alarmarnos ante la continua destrucción de la casa común de todo ser humano: el planeta Tierra.

El Verbo de Dios quiso nacer en nuestra Tierra, en nuestra carne humana, para enseñarnos un ecosistema que surge de nuestra inteligencia y de nuestro corazón. Un ecosistema con nuestra inteligencia, para descubrir a través de la ciencia y la tecnología nuevas formas de hacer producir la tierra abundantemente. Un ecosistema en nuestro corazón que nos haga descubrir a cada ser humano en esta tierra como un hermano o hermana, con las mismas necesidades y deseos que cada uno de nosotros tiene y seamos capaces de detener nuestra tendencia a la acumulación que priva otros de lo indispensable. Al irresponsable desperdicio que daña tanto nuestra hermosa casa común que es este mundo.

El ecosistema de Jesús nos enseña que pidamos solo el pan de cada día (Lucas 11,3) y que acumulemos tesoros solo en el cielo, donde no hay ladrones ni polilla que temer. (Mateo 6,19) Solo aprendiendo este ecosistema perennemente revolucionario podremos conservar la belleza y fecundidad de nuestra casa común, de acuerdo con la sabiduría de nuestro Creador y Padre universal.

Nuestra asombrosa inteligencia ha creado los medios de comunicación para enterarnos de los muchos millones de hombres, mujeres y niños en tantas regiones del mundo desplazados de su tierra natal a consecuencia del hambre, la persecución o la injusta desigualdad económica. Nosotros, como discípulos de Jesús, tenemos la obligación amorosa de promover con nuestras vidas que el ecosistema cristiano es posible, que es la única solución permanente para que cada ser humano obtenga toda la grandeza y felicidad que el Creador deseaba al traernos a este mundo.

El Papa Francisco, en su encíclica Laudato si’, continúa la sólida enseñanza de sus predecesores en la doctrina social de la Iglesia, al subrayar la necesidad del cuidado de la creación que es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros al crear fuentes de trabajo. También es nuestra obligación no abusar de los recursos de nuestra madre tierra y el cuidar no contaminar el ambiente en que vivimos, trabajamos, desarrollamos y compartimos.

Como ciudadanos en este mundo, cada uno de nosotros está llamado a ejercer y promover en los diferentes medios sociales la responsabilidad tanto al votar en la creación de nuevas leyes, como en la vida cotidiana en el hogar o en nuestro trabajo al ganarnos el pan de cada día.

Al poner cada día en práctica nuestra fe, ciertamente nos arriesgamos a ser excluidos o ser señalados como demasiado radicales. Dios como Padre, que no abandonó a Jesús, María y José en su peregrinar en esta tierra, y enseñó a través de Jesús a sus discípulos a confiar en su doctrina, tampoco nos abandonará a nosotros en nuestra audaz búsqueda de ser testigos suyos.

Confiemos en la sabiduría del Santo Espíritu de Dios, que ha guiado a sus seguidores a lo largo de los siglos y nos seguirá guiando en nuestro diario caminar para alegría y bendición de nuestro mundo.

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Noroeste Católico – Septiembre 2019

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org