El poder de un soplo

Para convencer al mundo del poder amoroso de Jesús, basta con que le permitamos insuflar en nuestro interior su presencia

Obispo ElizondoYo he tenido la bendición y privilegio de ser sacerdote por casi ya 30 años. Si a esto le agrego los muchos años de formación en el seminario, podría decir que tres cuartas partes de mi vida me la he pasado predicando.

Muchas horas de práctica en escritura, dicción, énfasis, ritmo, entonación, lenguaje no verbal, etc., y sin embargo en tantas ocasiones descubro con tristeza que no logré, al final de mi prédica, conectarme con mi audiencia.

¿Cómo hicieron pues hace dos mil años esos humildes pescadores galileos para entregar su mensaje con tanta eficacia? A campo abierto, sin la ayuda de altavoces, sin más preparación que el haber escuchado a un carpintero por tres años y sin embargo, sus pocas palabras transformaron cientos de mentes y corazones.

¡Todo por el poder de un soplo! Jesús resucitado se presenta en medio de asustadizos seguidores, sopla sobre ellos y los transforma en apóstoles diciendo: “Reciban al Espíritu Santo” — “Como el Padre me envió a mí, así yo lo envío a ustedes”. (Juan 20, 21-22)

Bastó un soplo para hacer la diferencia! Ese soplo era el mismo que impactó la nariz del primer hombre terrenal y le infundió vida. (cfr. Génesis 2, 7) No bastaba con ser “un viviente”; Jesús con su soplo nos dá la plenitud de la vida y nos lanza a repartirla a toda la creación.

Un soplo que viene de Dios
Con ese soplo Jesús nos capacita a derrotar al maligno, es decir, al pecado en todas sus formas, que siempre trae muerte consigo. Su soplo es la frescura del perdón de Dios, es la misericordia divina que pone una barrera infranqueable para el demonio. Es ese viento que barre la cobardía y el desaliento de los seguidores y los hace testigos del perdón de Dios por puro don, por puro amor.

Los pulmones de Jesús estaban llenos del aliento divino. El mismo aliento que lo arrojó fuera de la tumba venciendo para siempre a la muerte. Ese aliento del amor de Dios lo hacía clamar lleno de gozo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos, y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor”. (Lucas 4, 18-19)

El soplo de Dios Padre envió a Jesús al mundo a realizar todo esto y ese mismo soplo es con el que nuestro Señor resucitado nos arroja hoy al mundo. “Esta escritura se cumple hoy”.
(Lucas 4, 21)

Para convencer al mundo del poder amoroso de Jesús, basta con que le permitamos insuflar en nuestro interior su presencia. Solo así podremos hacer recobrar la vista a quien está ciego de envidia y no puede contemplar en su persona la belleza de lo que Dios ha hecho. Así también seremos instrumentos de libertad para quien está cautivo en su propio egoísmo; ese soplo calentará los corazones helados sin ningún contacto humano, un soplo tan poderoso que aligerará las cargas de los oprimidos, ofreciendo solaz y esperanza.

Empujados por ese soplo, los discípulos han caminado desde entonces por todos los rincones del mundo abriendo nuevas sendas de fraternidad, de justicia, de perdón y de alegría. Nuevos discípulos están siendo formados en la iglesia cada día a través de la catequesis y los sacramentos que son nuestra energía como creyentes.

Es ėpoca de graduaciones y confirmaciones
Esta época del año litúrgico se caracteriza por la alegría de ver a cientos de jóvenes en nuestras parroquias recibiendo el sacramento de la confirmación. Muchos de estos jóvenes también celebrarán por estos días su graduación de la escuela preparatoria con todas las
expectativas de su futuro que al llegar a esta meta les hace irremediablemente plantearse personalmente.

Como los discípulos de antaño, los nuevos discípulos también tienen miedo de lo que vendrá en sus vidas, pero Jesús no los dejará jamás solos. El viene a soplar en nuestras vidas inteligencia y sabiduría para tomar las decisiones adecuadas de acuerdo a su voluntad amorosa. La presencia de su Espíritu se transforma en un poderoso tornado que nos transporta a nuevos campos donde podemos ser testigos — misioneros de servicio, de alegría, de fraternidad y de comunión. Probablemente para muchos será la universidad ese campo donde ese divino soplo los lleve.

El soplo divino hizo que María nos regalara a nuestro redentor, y la impulsara a acompañar a los discípulos en la gran misión de ser convincentes con la palabra y la vida. Sin duda ella nos ayudará a ser dócilmente llevados a proclamar por doquier las maravillas que hace un solo soplo divino.

¡Dejémonos alegremente llevar! 

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Noroeste Católico – junio 2014

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org