Familia, religión, patria

Foto: Resurrección de Jesús, Master Francke, Kunsthalle Hamburg, Alemania/WikiArt Foto: Resurrección de Jesús, Master Francke, Kunsthalle Hamburg, Alemania/WikiArt

Tesoros de alto riesgo

Las más grandes proezas de la humanidad en todos los tiempos y por todas las razas han sido logradas en nombre de la familia, la religión o la patria. Las más grandes atrocidades a lo largo de la historia y en todas las culturas han sido cometidas también en nombre de la familia, la religión y la patria.

Los creyentes afirmamos que todos los humanos hemos sido creados por Dios en su inteligencia infinita. La diversidad de las razas es parte de su libérrima sabiduría creadora para embellecer nuestra humanidad.

La Palabra de Dios hecha carne en Jesús para enseñarnos la grandeza del ser humano nos dio una nueva visión de estos tres tesoros. Al ser alabado por sus orígenes familiares, Jesús responde que son “bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lucas 11,27), e insiste en que sus “verdaderos familiares son todos los que hacen la voluntad de su Padre”. (Mateo 12,46)

La vida y ministerio de Jesús nos permitió descubrir y experimentar que realmente todos somos hijos del mismo Creador y Padre; que todos somos hermanos y que nos ama por igual, al grado de aceptar una injusta y vergonzosa sentencia de muerte para generar una nueva fraternidad universal; una nueva patria universal y una nueva relación con Dios que nos hace a todos “adoradores en espíritu y en verdad”. (Juan 4,23)

Las leyes de la genética humana nos hacen transmitir nuestros rasgos físicos a los que llevan nuestra sangre. La influencia cultural de las personas y ambiente en que vivimos nos hace adoptar ciertas características de lengua y costumbres que nos identifican como miembros de un cierto grupo llamado, tribu, clan, estado, nación, reino o patria.

Por proteger los tesoros familiares, religiosos o patrióticos, hemos generado todo tipo de organizaciones que preservan los mismos, pero también radicalizamos posturas que obstaculizan la armonía y trastocan las diferencias en distancias irremontables entre nosotros contrarias al plan original del Creador.

Tesoros pascuales

Al salir victorioso del sepulcro, Jesús envió a los apóstoles, y a todos nosotros sus discípulos hoy, a “Ir por todo el mundo predicando el evangelio y bautizar a toda creatura” (Marco 16,15), porque el que crea en estos nuevos e imperecederos tesoros se salvará de la muerte interior, de la muerte del alma.

La Pascua de Jesús nos hace capaces de aspirar a ser todos ciudadanos de la patria celestial, en donde cada ciudadano muestra alegremente su certificado de pertenencia sanguínea que nos hermana. Esa sangre divina corriendo en las venas de nuestras almas nos hace cantar a todo pulmón cuando alguien nos descubre como hermanos por nuestras características de servicio, perdón, solidaridad, perseverancia, optimismo, etc.

Sn. Pablo dice que llevamos estos tesoros en “vasos de barro, para que se reconozca que la abundancia del poder proviene de Dios y no de nosotros”. (2 Corintios 4,7) Cuando le permitimos a Dios hacer su obra a través de nosotros, Él realiza grandes maravillas como lo hizo con los apóstoles y lo ha hecho con todas las mujeres y hombres que consideramos santos. Los santos nos muestran accesiblemente las maravillas de esos tesoros, los riesgos de no saber utilizarlos adecuadamente y también la terrible tragedia de perderlos dañando a todos a nuestro alrededor suscitando violencia, codicia, racismo, indiferencia y distanciamiento de nuestro Padre común.

Que la inconmensurable fe de María nos haga a todos proclamar las maravillas de Dios, continúe haciendo que nos parezcamos siempre más a su Hijo Jesús y con la energía de su sangre nos haga caminar hacia la única y verdadera patria sin fronteras que su Hijo nos legó.

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Noroeste Católico – Noviembre 2018

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org
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