Fuente de salud

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La fe de María

Caminando por las aldeas de Galicia, me detuve a saciar mi sed y llenar mi cantimplora en una pequeña fuente de piedra que, no solo calmó mi sed, sino además me llenó de alegría y renovó mi entusiasmo para seguir mi jornada. Sobre la roca estaba tallada, en múltiples lenguas, una frase del gran teólogo y moralista alemán Bernard Häring afirmando que “la Fe es fuente de salud”.

Hace dos mil años, la fe de María, piadosa joven judía, la llevó a beber abundantemente de esa fuente salutífera e hizo brotar para nosotros el manantial de la eterna salud. “El agua que yo le daré, se hará manantial de vida eterna.” (Juan 4,14)

Nadie ha tenido jamás una fe tan grande como la de María. Ella se sumergió hasta lo más profundo en las aguas de la fe, confiando en que el mismo Dios que fue capaz de sacar de la nada toda las maravillas de la creación, también era capaz de hacerse bebé en su vientre virginal.

Jesús es nuestra salud, nuestra salvación, y esa salud brotó de las entrañas de fe de María. Esa muchachita convencida de que, “nada hay imposible para Dios”, (Lucas 1,37) asumió todas las consecuencias de su fe; arriesgó la vida al mostrarse embarazada sin estar aun viviendo con un hombre; ella se atrevió a apoyar la fe de su hijo Jesús que desafiaba las interpretaciones centenarias de su pueblo. Ella lo impulsó a dejar la intimidad de la carpintería y lo expuso a iniciar su vida pública en Caná; ella lo acompañó hasta la desolación del Calvario; ella sostuvo y alentó a los discípulos por largos años después de la Resurrección y Ascensión.

La fe de María fue purificada hasta la última gota para que todos los demás creyentes, a través de los siglos, pudiéramos beber de ella. Cuando la fe pregunta, acudimos a María: “¿Cómo será esto?” (Lucas 1,34) Cuando la fe obedece, escuchamos a María: “He aquí la esclava del Señor.” (Lucas 1,38) Cuando la fe canta, María entona para nosotros, “Magníficat anima mea Domino”. (Lucas 1,46) Cuando la fe hace sangrar, María escucha desde lo alto de la cruz: “Ahí tienes a tu hijo.” (Juan 19,26) Cuando la fe fortalece, María nos enseña a perseverar en la oración, con la comunidad. (cfr. Hechos 1,14)

Creer da salud

Cuando la fe se traduce en acciones, deja de ser una idea y se transforma en vida. María puso en acción su fe en el silencio de su relación con José; su fe se hizo activa al auxiliar a su senil prima Isabel; la fe la hace ponerse en marcha al exiliarse en Egipto; la fe da energía y fidelidad a su vida cotidiana en Nazaret; por la fe anhela crear nuevas formas de justicia que sacie a los hambrientos y derribe a los potentados.

Como mujer, en ese lugar y momento de la historia se da cuenta que será visto como una locura. Solo en la fe sus acciones tienen cordura. María, al igual que todos los hombres y mujeres de fe a lo largo de los siglos, confía en que la sabiduría de Dios dará sentido a sus acciones en el mundo en el momento adecuado. Las locuras de los creyentes los hacen vivir felices, mientras que los demás por el mundo caminamos gimiendo y llorando en un valle de confusión y de lágrimas.

Un himno de Adviento en la Liturgia de las Horas canta acerca de María:

Puerta de Dios al mundo,
puerta de eternidades,
para el hombre que gime
en la muerte de los tiempos;
cuando engendraste a Dios,
al hombre has engendrado;
cuando engendraste al hombre,
es Dios quien nos es dado.

La fe de María fue la puerta por donde entró Dios a nuestra carne; fue la puerta por donde entró para nosotros la vida eterna, la plenitud de nuestra humanidad. La fe de María seguirá eternamente siendo fuente de cordura, de plena salud para nuestra humanidad que gime anhelante de la presencia divina que le da sentido, que le da cordura, que le da salud.

Que el acercarnos a beber a la fuente de salud, nos lleve a tener nueva energía para caminar hacia nuevas formas de justicia, de ternura, de perdón, de gratitud, de alabanza, de servicio, de fraternidad, de solidaridad, para seguir como ella engendrando a Dios en nosotros y en cada ser humano. Traigamos a otros a beber de esa agua de vida.

Gracias María por mostrarnos la fuente de eterna salud.

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Noroeste Católico – Abril 2018

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org
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