Muy sabios y muy santos

Photo: St. Dominic Church, Palermo, Italy/Shutterstock Photo: St. Dominic Church, Palermo, Italy/Shutterstock

Humanos completos

¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida senda,
por donde han ido,
los pocos sabios que en el mundo han sido!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama,
la lengua lisonjera,
lo que condena la verdad sincera.

(cfr. “Oda a la vida recitada” por Fray Luis de León, 1528-1591)

La fe por encima de todo; la razón como medida de todo; la armonía de la sociedad como máxima referencia; la persona como la más alta meta; el rechazo de Dios, como la auténtica madurez, y tantas otras variantes intermedias. ¡Qué difícil es encontrar el balance en nuestra vida!

Los seres humanos tenemos inteligencia, voluntad y aspiraciones. Desde el más pequeño al más grande en todos los tiempos y culturas han dejado huella palpable de estas características por todo el mundo. Siempre en búsqueda de la verdad más profunda, siempre insatisfechos, siempre decididos a intentar lo que parece imposible.

Siguiendo el ejemplo de Cristo Jesús, nuestro maestro, nosotros sus discípulos tenemos la amorosa obligación de poner a trabajar toda la capacidad de nuestra inteligencia para perfeccionar las ciencias y la tecnología. También tenemos el privilegio de expandir los horizontes de belleza, gozo y alegría gracias a los anhelos de nuestros sentidos interiores y la fuerza indómita de nuestra voluntad.

La combinación de estas potencias en cada mujer y cada hombre ha producido a lo largo de la historia un sinnúmero de científicos, tecnócratas, artistas y filósofos, resaltando cada uno de ellos la preponderancia de su destreza particular de vida sobre las demás, creando en muchos casos dolorosas rupturas.

Jesús, con su vida en este mundo, vino a mostrarnos que nuestro Creador quiere que los humanos tengamos la plenitud de la vida, que viene al descubrir la verdad, abrazarla con toda nuestra voluntad y así ascender como plenamente humanos a lo que nosotros conocemos como santidad.

De Sto. Tomás de Aquino se ha hecho uno de los elogios más bellos que yo haya escuchado, pues se decía de él que era el más sabio de los santos y el más santo de los sabios. Sto. Tomás, como tantos otros grandes modelos, supo hacer de su inteligencia un instrumento para descubrir la sabiduría de Dios en toda la creación y amarla con la dedicación de toda su vida para perfeccionarla.

Jesús, como hombre en este mundo, vivió esa misma tensión interior, la descubrió presente en sus primeros discípulos y en su oración personal rogaba así a su Padre: “No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo lo mismo que yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad. Lo mismo que tú me enviaste al mundo, así los he enviado yo al mundo. Por ellos yo me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17,14-19)

Jesús nos quiere muy sabios y muy santos: “Santifícalos en la verdad”. Encontrar el balance seguirá generando tensión en nuestras vidas al trabajar por derrotar la mentira en nuestro mundo, por corregir los errores presentes y pasados, y por ser fieles discípulos del Maestro que vino a enseñarnos como ser plenamente humanos. Ese maestro nos ha enseñado como guardar nuestras inteligencias y corazones de las insidias del maligno, de ese que nosotros llamamos el padre de la mentira. Ese otro espíritu nos distrae la atención del Maestro y nos distorsiona la verdad con su lengua lisonjera. Ese espíritu maligno nos hace creer y confiar en nuestra propia fama y sabiduría humana que está muy lejos de la sabiduría divina que nos presentó Jesús. “Porque, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (Mateo 16,26) Los pocos que han adquirido la verdadera sabiduría del Maestro Jesús, descubren, como Fray Luis, que el mundanal ruido no llena las aspiraciones de los verdaderos discípulos que quieren ser completamente humanos, según el diseño original del amoroso Creador.

Los hombres y mujeres que llamamos santos, han sido a la vez muy sabios, porque han estado atentos a las enseñanzas del Maestro de la verdad, como lo estuvo María, la más sabia y santa discípula. Aprendamos como ellos dejándonos guiar por Jesús, Maestro de humanidad. Tiene todavía mucho que enseñarnos.

Read the English version of this column.

Noroeste Católico – septiembre 2017

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org
More in this category: « Olfatos sensibles