Paz violenta

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La guerra amorosa de Jesús

"No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada”. (Mateo 10,34)

Recientemente tuve la oportunidad de viajar a la tierra que vio nacer a Jesús. Un grupo de obispos pasamos unos días en Israel en ferviente oración por la paz e intenso diálogo por la unidad. Nos reunimos con diferentes entidades civiles y religiosas en esa pequeña y turbulenta región del mundo que la sabiduría de Dios escogió para enseñarnos la única paz que perdura, la paz que surge como consecuencia de la guerra amorosa de Jesús.

Fue muy doloroso palpar de cerca la tensión y el miedo latente a brotes de guerra por todo el país. ¡Que irónico es ver tanta violencia en el lugar donde nació Jesús; donde nació “La Paz”; donde nació nuestra paz!

La vida y mensaje de Jesús son la espada letal que logra establecer la verdadera paz. La espada que Jesús blande ante los ojos de nuestro corazón es la divina espada del perdón. “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón.” (Hebreos 4,12)

Un auténtico y permanente perdón no surge como resultado de una disciplina estoica; brota solamente como consecuencia de una transformación del corazón, y eso lo puede conseguir solo a través de Dios. Solo la presencia divina puede hacernos descubrir a otro ser humano como hermano (a); solo esa sabiduría sobrenatural logra hacernos ver el lento proceso de aprendizaje de ese otro ser humano que ha cometido errores y nos ha herido con sus acciones.

El Beato Papa Paulo VI acuñó la frase “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”; y Sn. Juan Pablo II agregó: “Si quieres la justicia, trabaja por el perdón”.

Trabajar por el perdón significa reconocer nuestros errores pidiendo a nuestro Dios y salvador que nos haga dolernos del mal que hemos causado a los que están a nuestro alrededor. Trabajar por el perdón quiere decir al mismo tiempo implorar la sanación interior, que nos libre del impulso animal vengativo y receloso agazapado en nuestro interior siempre dispuesto a contraatacar.

La justicia humana busca solo la restitución y la equidad de las partes; la justicia divina busca siempre la salvación del justo; la justicia cristiana busca la salvación hasta del culpable agresor. “Al que te golpee en una mejilla, ofrécele también la otra”. (Lucas 6,29)

Esa nueva justicia revelada por nuestro Señor Jesucristo con su vida y enseñanzas es la que origina en nuestros corazones una paz violenta interior más terrible que cualquier otra espada; más que cualquier otra guerra. Esa violencia interna altera nuestra existencia de tal manera que requiere una reconstrucción total de nosotros mismos para poder vivir, solo así encontramos la paz auténtica.

Violencia bendita

“El Reino de los cielos sufre violencia y solo los violentos lo conquistan”. (Mateo 11,12) Los hombres y mujeres que los creyentes consideramos santos, son esos que han sido heridos por la divina espada de doble filo. En ellos esa violencia bendita interior no se manifiesta contra los demás sino que les ha dado fortaleza para combatir sus propias miserias de pecado; a ellos esa violencia les ha dado la valentía y fortaleza para desenmascarar las infidelidades personales y comunitarias; esa violencia les ha dado la audaz valentía de confesar su fe en cualquier adversidad hasta arriesgar la propia vida. Ahí han encontrado la verdadera paz y la completa libertad de su persona.

Hoy día en Israel, al igual que en tantas partes del mundo y en nuestro propio medio; Dios sigue hiriendo con su amorosa espada a innumerables creyentes que sufren por la violencia de su reino. El Arzobispo Oscar Romero, el Padre Stanley Rother, y tantos otros santos anónimos promoviendo la paz, han sufrido la paradoja de la violencia física como nuestro modelo supremo Jesús.

Una espada de dolor atravesó el corazón de María, la madre de todos los creyentes en esta guerra amorosa: “Y a tu misma alma la traspasará una espada, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. (Lucas 2,35)

Que el amor nos mantenga violentamente fieles en esta hermosa lucha.

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Noroeste Católico - Junio 2018

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.

Website: www.seattlearchdiocese.org/Archdiocese/auxiliaries.aspx