Tatuajes divinos

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El amor usa tinta indelible

Por siglos, los tatuajes han sido parte de la cultura de algunos pueblos en diversas partes del mundo. Para algunos es parte del ritual de admisión de los jóvenes a la edad adulta; en otros es solo una manera de embellecer su apariencia física o hacerla más temible; en otros más, es una forma de asemejarse o de imitar las características de un poderoso o hermoso animal. En todos, creo yo que el tatuaje es una búsqueda de pertenencia, de fusionarse permanentemente con la persona, animal u objeto tatuado o marcado en la piel.

La tecnología tan avanzada, aun en el mundo de los tatuajes, nos permite borrar de nuestra piel aquello que tenía la intención de ser indeleble. A diferencia de los tatuajes con tinta, el amor auténtico deja huella permanente; el amor divino usa tinta indeleble.

Las Sagradas Escrituras nos describen esa intensa búsqueda de fusión amorosa con imágenes similares: “Grábame como un sello en tu corazón, como un sello en tu brazo, que fuerte como la muerte es el amor, tenaz como el infierno, la pasión. Sus ascuas son ascuas de fuego, sus llamas son llamas del Señor. Los océanos no serían capaces de extinguir el amor, ni los ríos de anegarlo”. (Cantar 8,6-7)

“Pondré mis leyes en su inteligencia y las grabaré en sus corazones; y yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo”. (Hebreos 8,10)

Las marcas o tatuajes en la piel son percibidos de muchas maneras en nuestras sociedades occidentales fuertemente heterogéneas, pero siempre subsiste en todos, la búsqueda de fusión y pertenencia permanente, como un signo de amor.

La venerable mística mexicana Conchita Cabrera cuenta en su diario que un día, al mirar en la hacienda donde vivía, que los animales eran marcados con el hierro de su dueño, e inflamada de amor por Dios, se le ocurrió que ella quería llevar un signo en su cuerpo de la pertenencia a su amado dueño y Señor Jesús, como aquellos animales. Con esa imagen en mente, un día con unas tijeras se hizo cortadas en el pecho con las letras JHS y las cauterizó con un rizador de cabello. Con gran dolor físico, pero con la fuerza y pasión del amor divino “más fuerte que la muerte y que el infierno”. (cf. Cantar 8) Por el resto de su vida, Conchita llevaría con gozo ese oculto signo íntimo de pertenencia a su divino dueño y único amor eterno.

Mi mamá, que en paz descanse, decía que, para las cosas importantes en su vida, no necesitaba mirar el calendario, porque el corazón se las recordada puntual y gozosamente. Las cosas importantes las llevaba grabadas en el corazón, con la tinta indeleble del amor.

Toscos lienzos

No tenemos ninguna evidencia o indicios en los evangelios de que la Virgen María se haya hecho tatuajes o marcas en la piel como signo de su amor y pertenencia a Dios o su íntima unidad con Jesús, pero el evangelio nos dice que ella guardaba todo en su corazón. Estoy seguro de que los apóstoles y todos los que la encontraban descubrían en su vida llena de paz, libertad y alegría profunda, el hermoso tatuaje del amor de Dios, pues su alma fue un lienzo fino en el que el omnipotente plasmó toda su belleza inmortal e indeleble.

Sin duda que, en la medida de nuestro crecimiento en la unidad y el amor con Jesús, Él mismo irá grabando su imagen en nuestros interiores con la tinta indeleble de su amor, como lo ha hecho con todos sus grandes discípulos. Él sabe imprimir obras maestras, aunque nuestros lienzos interiores sean muy burdos y llenos de tosquedad.

El mundo a nuestro alrededor verá los tatuajes de la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro amado en todas las acciones de nuestras vidas. Todos verán nuestra pertenencia a Jesus en el perdón, en el servicio, en la alegría, en la perseverancia, en el trabajo, en el descanso, en la unidad, en la justicia, en la continua búsqueda de su perfecta imagen, grabada en la piel de nuestra alma por el mejor artista de tatuajes de amor divino, Jesús mismo.

A diferencia de los tatuajes en nuestra piel, los tatuajes que hace Dios en nuestra alma no se arrugan ni se deforman al envejecer o cuando nuestra piel pierde su frescura. Los tatuajes del alma no solo mantienen su firmeza, sino además, con el paso del tiempo adquieren nuevos y brillantes colores. El maestro de tatuajes amorosos conoce como perfeccionar el tosco lienzo de nuestro corazón y lo burdo de nuestra alma para tatuar lo que quiere que los demás contemplen embelesados.

El mundo al mirarnos así, querrá también hacerse un amoroso tatuaje con ese Divino Artista, Jesús.

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Noroeste Católico – Septiembre 2018

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.

Website: www.seattlearchdiocese.org/Archdiocese/auxiliaries.aspx