Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

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Viviendo con pasión nuestro Año de la Eucaristía

En agosto del año pasado, el Centro de Investigaciones Pew reveló la preocupante cifra de un 69% de los católicos en Estados Unidos que no creen que Cristo está presente en la Eucaristía. Es mi sentir que dos factores importantes que han contribuido a esta crisis son: la escaza formación eucarística tanto de catecúmenos como de sus catequistas, así como los abusos litúrgicos que adulteran la Santa Misa.

Encontrando a Dios en nuestro interior

Cuando era adolescente, me sobrecogía un canto de comunión que dice, “Quien busca a Dios y no puede mirar lo cerca que está, que abra los ojos si puede: verá su forma de hablar. Escucha, amigo, si quieres, lo que te voy a contar: donde lo he visto yo siempre que he comenzado a dudar”. El canto explica cómo a Dios se le encuentra en el amanecer, en un trigal, en la brisa que se mezcla con el llorar, lo mismo que en el amigo agradecido.

Ciertamente, en nuestro incansable afán por saber la verdad y encontrar lo trascendente, si abrimos los ojos del corazón, somos capaces de percibir a Dios a través de su creación. El hombre es capaz de Dios.

Un buscador empedernido de la verdad fue sin duda Sn. Agustín. Se distinguía por buscarla en el interior. Los ejercicios de interiorización de Sn. Agustín eran profundos, cargados de una fuerte dosis de discernimiento y reflexión.

Agustín, que busca la verdad en el interior del hombre, dice a la vez, no con menor énfasis: Dios es la verdad. A Dios se le encuentra en el interior del hombre. Dios es el principio y fin de la vida.

Es, en efecto, en el interior, donde podemos tener los encuentros más profundos con Dios. La intimidad del corazón, arropada por la quietud del alma, puede suscitar la intimidad con nuestro Padre Creador, con su Hijo, redentor nuestro, y con su Espíritu Divino que nos santifica. No se diga después de una reverente comunión — cuando los coros nos lo permiten — poder gozar de un momento silencioso sintiendo la presencia en nuestro interior de Jesús Eucaristía constatando lo que aseguraba el salmista, “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor” (Salmo 34,9).

Lamentablemente, pocos se atreven a viajar a su interior y así se privan de la oportunidad de encontrarse con Dios en lo más profundo de su ser. Algunos, por falta de práctica. Otros, porque no se quieren dar el tiempo para hacerlo, ya que esto requiere calma y quietud y hoy, todo se quiere instantáneo.

Pero muchos más, no lo hacen porque sienten miedo. Se rehúsan a viajar a su interior porque saben que, en el recorrido, se han de topar consigo mismos sin remedio. Les aterra la idea de enfrentarse a sí mismos y con ello a su flaqueza, a sus miserias, a sus vicios, a su egoísmo, a sus deudas con los demás y a sus pecados. Es más fácil hacer que nada de esto existe y para ello, es más cómodo quedarse fuera de uno mismo.

Pero es preciso hacer este recorrido, aunque a veces doloroso, porque al llegar a lo más profundo, nos encontraremos con Dios, que es todo amor y que será capaz de redimirnos de todo aquello de nosotros mismos que nos avergüenza y que nos hace daño.

Entremos pues, en nuestra habitación. Cerremos la puerta con llave y encontrémonos con nuestro Padre en lo secreto (Mateo 6,6).

¡Apasiónate por nuestra fe!

 

Noroeste Católico – Julio/Agosto 2020

Seeds of the Word - Finding God deep inside ourselves

When I was a teenager, I was moved when I heard a Communion chant: “Whoever is seeking God and cannot see how close he is, he should open his eyes if he can. He will hear him speak. Listen, my friend, if you will, to what I am going to tell you — where I have found him always, whenever I begin to doubt.” The song explains how God can be found in the peaceful dawn, in a wheat field, in the breeze that mingles with our tears, as well as in a grateful friend.

Orando cuando Dios calla

La oración es un diálogo con Dios, un “compartir de cerca entre amigos”, dijera Sta. Teresa de Jesús. Abrimos nuestros corazones a Dios y dependemos de su respuesta. Nuestra existencia misma depende de la Palabra de Dios, por la cual “todo fue creado” (Juan 1,3). ¿Qué hacer entonces cuando nuestras peticiones más urgentes no reciben respuesta? ¿Cómo orar cuando Dios calla?