Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

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Adoremos de rodillas el Pan bajado del cielo

En el hijo de la Virgen, “envuelto en pañales” y “recostado en un pesebre” (cf. Lucas 2,12), reconocemos y adoramos “el Pan bajado del cielo” (Juan 6,41.51).  El Mesías, que viene a la tierra para dar vida al mundo, nace en Belén (Beth lehem), que en lengua hebrea significa “casa del pan”. Y duerme en un pesebre usado para alimentar a los animales. Su misión es evidente: alimentarnos. Más tarde dirá de sí mismo: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6,35.48).

Déjate asombrar por la Eucaristía

“La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia, que experimenta con alegría cómo se realiza continuamente la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (Mateo 28,20).”

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro? (Salmo 12,2)
Han pasado días, semanas y meses, viviendo afligido
por la sombra constante de una pandemia
que nos enferma, nos aísla, nos asusta y nos quita la vida.
Prisionero de un confinamiento;
alejado de mis seres queridos;
viendo a quienes más quiero, enfermos haber caído.

Viviendo con pasión nuestro Año de la Eucaristía

En agosto del año pasado, el Centro de Investigaciones Pew reveló la preocupante cifra de un 69% de los católicos en Estados Unidos que no creen que Cristo está presente en la Eucaristía. Es mi sentir que dos factores importantes que han contribuido a esta crisis son: la escaza formación eucarística tanto de catecúmenos como de sus catequistas, así como los abusos litúrgicos que adulteran la Santa Misa.