Semillas de la Palabra - Daniel Mueggenborg, pastor y obispo de las almas

Obispo Mueggenborg en su ordenación episcopal el 31 de mayo. Foto: Stephen Brashear Obispo Mueggenborg en su ordenación episcopal el 31 de mayo. Foto: Stephen Brashear

‘Cristo, pastor y obispo’ nos ayuda a comprender el ministerio de nuestro nuevo obispo auxiliar

El gozo por la llegada a Seattle de nuestro nuevo obispo auxiliar y pastor, Mons. Daniel Mueggenborg, nos da ocasión para reflexionar sobre el ministerio episcopal a la luz del episcopado de Cristo mismo. Es común que centremos nuestra atención en el ministerio presbiteral (o sacerdotal) de Cristo. Pero es un hecho que el presbiterado en plenitud es justamente el episcopado. Así, nos conviene pensar no solo en “Cristo sacerdote” sino también en “Cristo obispo” para comprender mejor el ministerio de nuestro nuevo obispo auxiliar.

Tomemos como referencia la Primera Carta de Sn. Pedro. En ella, Pedro llama a Cristo el “pastor y obispo de las almas”. (1 Pedro 2,25) El término griego que Pedro emplea, epíscopos, puede traducirse como “el que observa o vigila”, es decir, el custodio, el guardián. No nos confundamos pensando en el vigilante de los prisioneros. Se trata más bien de un pastor que vigila su rebaño desde el interior, las almas mismas, como especifica Pedro.

Al ser Cristo Jesús el “obispo de las almas”, las observa con los ojos de Dios. Desde su óptica divina, Él puede mirar la esencia verdadera de sus hijos. Y puede también vigilarla, para salvaguardarla como buen custodio, preservando la esencia de sus hijos de toda realidad que atente contra su integridad: el pecado, la tibieza, la tristeza, el desánimo, la confusión, el mal consejo, el relativismo, el menosprecio, la persecución, la discriminación. Cristo, siendo “obispo de las almas” es a la vez el Buen Pastor, que conoce a todas sus ovejas por su nombre al vigilar el interior de cada una.

En su primera carta, Pedro enfatiza que Cristo es de hecho, el “Pastor Supremo”, y así, modelo de todos los obispos. (5,4) A su vez, los obispos deben ser “modelos de la grey”. (5,3) Con ese propósito, Cristo comparte con los obispos la plenitud de su sacerdocio y los hace sucesores de sus Doce Apóstoles. Al ejercer su ministerio episcopal, los obispos hacen presente y contemporáneo el testimonio de los apóstoles, dando a su grey el modelo de vida cristiana que hunde sus raíces en el seno de los Doce primeros en torno a Jesús.

Siendo sucesores de los apóstoles, los obispos tienen además la gravísima responsabilidad de preservar vivo el tesoro de la fe, que es todavía “más preciosa que el oro”. (1,7) Los apóstoles dieron testimonio de su fe, ¡de nuestra fe!, incluso en medio de la persecución y hasta dar la vida. En estos tiempos en que la fe católica es puesta a prueba, atacada y despreciada día con día, ser arzobispo, obispo, coadjutor o auxiliar en cualquier diócesis y defender la fe, representa un reto mayúsculo. Pero cada uno lleva en su mano un báculo, no solo para pastorear a sus ovejas, sino para aferrarse a él y no caer cuando el camino se torna pedregoso.

Ser sucesores de los apóstoles. Custodiar la fe aun en medio de la persecución. Servir como modelos para su grey. Ser pastores y obispos de las almas a semejanza del Pastor Supremo. Inmensa responsabilidad la que Cristo deposita en hombros de nuestros obispos, Peter, Eusebio y ahora Daniel, al compartir con ellos su propio episcopado, como lo hiciera con los primeros Doce.

Pidamos al Señor que la luz de su Espíritu Divino ilumine a nuestro obispo Daniel H. Mueggenborg para que junto con nuestro arzobispo J. Peter Sartain y nuestro obispo Eusebio Elizondo, sepa ser siempre un buen pastor “no forzado, sino voluntariamente, según Dios, con prontitud de ánimo, modelo de su grey.” (5,2-3)

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Noroeste Católico – julio/agosto 2017

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

Website: www.semillasparalavida.org