‘Encontraremos a nuestros pequeños de nuevo allá arriba’

At Rex and Rachel’s wedding, the priest asked how many kids they wanted. Rachel answered, “However many God blesses us with.” Foto: Catara Carrell At Rex and Rachel’s wedding, the priest asked how many kids they wanted. Rachel answered, “However many God blesses us with.” Foto: Catara Carrell

La pregunta siempre es extraña para estos padres, no importa cuán común sea.

“¿Es tu primero?”

Ahora bien, ¿Qué respuesta le damos a este amigable extraño?

¿La corta, la más simple, que hace la cosa más agradable, pero que es una mentira?

¿O la más larga, la verdad más sensible, que esta persona tal vez no comprenda o no sepa qué decir al escuchar?

La verdad: No, la niña increíblemente preciosa que estás admirando no es el primer bebé de Rex y Rachel. Ella tiene 10 hermanos igual de preciosos, pero están en el cielo. Todos murieron antes de poder nacer, y sus padres nunca dejarán de sufrir por ellos.

En esas situaciones, Rex y Rachel no siempre han dicho toda la verdad. Pero, en gran medida, estaban admirablemente decididos a ser abiertos y honestos, incluso en público, acerca de las tan breves vidas y tempranas muertes que tan profunda y dolorosamente habían afectado sus vidas y su matrimonio.

No es fácil, porque, aunque entre el 10% y el 20% de los embarazos acaban en pérdidas, hablar de ello es “casi un tabú”, cuenta Rachel.

Pero para la familia Yabut, compartir su historia familiar es una cuestión de respetar la realidad y la dignidad de la vida de todos sus niños, y de decirles a otros padres que sufren que no están solos.

‘Los hijos que Dios quiera darnos’

En la misa de casamiento de Rex y Rachel en el verano de 2010, un sacerdote les preguntó cuántos hijos deseaban tener. Rachel respondió: “Los que Dios nos quiera dar”.

Eran jóvenes y estaban enamorados y con una fe ardiente.

Rachel acababa de graduarse de la Universidad de St. Martin’s University en Lacey y aceptado un trabajo como Ministra para Jóvenes en un colegio-parroquia de Olympia (ahora Rachel es maestra de este colegio; Rex es el encargado de corresponsabilidad de la parroquia para donaciones de tiempo, talento y tesoro y vida parroquial).

Se conocían desde la preparatoria, se habían conocido a través de eventos de la Pastoral Juvenil— Rachel pertenecía a la parroquia de Nuestra Señora Reina del Cielo en Tacoma, Rex a St. Frances Cabrini en Lakewood.

En ese entonces, eran solo amigos — Rachel había tenido un novio por mucho tiempo, explicó, mientras que “Rex estaba contándole a todo el mundo que quería ser sacerdote”.

Pero cuando nos encontramos en un Starbucks unos años después, esa idea se había desvanecido, y Rex aprovechó la oportunidad para invitar a Rachel a cenar. La cita no fue realmente lo que llamaría una cita— Rachel no estaba segura de que esa realmente fuera una invitación a salir, entonces le pidió a una amiga que la acompañe— pero todo fue bien y seis meses más tarde se habían comprometido.

Sus personalidades eran muy diferentes — Rex se autodenomina “optimista, aéreo y extrovertido”, mientras que Rachel es “realista, con los pies en la tierra e introvertida” , y a veces le mira de reojo a Rex cuando hace bromas. Pero estaban unidos en la fe.

“Ambos estábamos en una relación con Dios”, expresó Rachel. “Ambos orábamos y ambos buscábamos conocer la voluntad de Dios”.

También compartían la misma visión de familia, esperando que al llegar a los 30 tendrían una partida de niños correteando a su alrededor.

Rex and Rachel Yabut
Rex and Rachel keep this name board in their bedroom. Each day they ask for the prayers of their 10 children who died before birth. Foto: Catara Carrell

‘El dolor pudo haber acabado con nosotros’

“Pronto aprendimos que las cosas no siempre salen como uno espera”, cuenta Rachel.

No hubo un “bebé de luna de miel” inesperado. Por dos años, no hubo ningún bebe.

“Era como, ¿será que algún día va a suceder? ¿Será posible? Relata Rachel.

Luego, en el verano de 2012, Rachel fue al médico. Rex recuerda recibir una llamada en el trabajo, Rachel “llorando de alegría.” Estaba embarazada.

La alegría no duró mucho. Unas semanas más tarde, una ecografía demostró que el embrión había dejado de crecer.

“Fue como que el mundo se me derrumbó,” dijo Rex.

Llamaron al bebé Casey Francis y le enterraron en el cementerio de la Parroquia St. Michael.

Durante los siguientes cinco años, a Casey Francis se le unieron diez hermanos: Andrew Joseph, Catherine Hope, James Aloysius, Abigail Therese, Nathanael Patrick, Damien John, Marian Grace, Dominic Michael y Gianna Marie.

No habían comprado una lápida, cuenta Rachel, “porque no sabíamos cuántos nombres más habríamos de agregar”.

Con cada nueva vida llegaba un torbellino de emociones: alegría, esperanza mezclada con miedo, a lo que seguía una profunda angustia.

“A medida que pasaba el tiempo, una desilusión tras otra realmente puso a prueba su fe”, expresó el Padre Jim Lee, párroco de los Yabut en St. Michael. “Lo podías notar…una tristeza que brotaba de ellos.”

“El dolor realmente pudo haber terminado con nuestras vidas, con nuestro matrimonio — simplemente con nosotros — si no hubiéramos tenido la fe,” cuenta Rex.

“Hay una paz al saber que Dios nos ha dado esta cruz”, agregó. “Esto está santificando nuestro matrimonio.”

De alguna manera, tener tantos niños en el cielo ha fortalecido y enriquecido la fe de los Yabut.

“Les pedimos que rueguen por nosotros todos los días”, comenta Rex. “Y luego, cada vez que vamos a misa, yo les invito a estar con nosotros cuando tomamos la sagrada comunión, porque esta es, de hecho, la única comida que podemos compartir juntos, en una mesa que conecta el cielo con la tierra…Es la hora de la cena para nuestra familia.”

Rex and Rachel YabutDuring Rachel’s most recent pregnancy, she and Rex prayed a 54-day novena of rosaries. “It gave me a lot of peace and consolation just laying all my fears, all my anxiety, and giving it to Mary,” she said. Foto: Lisa Ellefson

‘Una de las mentiras más grandes que el demonio intenta decirnos’

Por un tiempo, Rex y Rachel mantuvieron para sí su sufrimiento.

“Al principio no le dijimos a nadie que yo estaba en cinta”, cuenta Rachel. “Las primeras tres veces creo que nadie lo supo excepto tal vez nuestros padres.”

Eventualmente se abrieron a su pequeño grupo de la iglesia. Luego el Padre Jim les invitó a compartir su historia ante el Congreso Eucarístico de la parroquia en febrero de 2015. Esto les tocó una fibra especial.

“Durante semanas después del evento, la gente compartía conmigo su propia experiencia, sus propia pérdidas”, afirma Rachel. “Y algunas eran más recientes, otras habían ocurrido hacía 50 años”.

Esa primavera, Rachel decidió comenzar un blog, yabutslife.com, para compartir acerca de su peculiar familia — sus bendiciones, su sufrimiento, y su esperanza.

“Creo que una de las mentiras más grandes que el demonio intenta decirnos es que nuestra historia no importa, y que no hablemos de cómo Dios está obrando en nuestras vidas”, declara Rachel.

Les había costado mucho encontrar los recursos que le ayudaran durante su dolor, especialmente desde la perspectiva católica, y querían ofrecer esperanza a otras familias.

“Aunque fue difícil y me dio miedo algunas veces mostrarme tan vulnerable en público, yo sabía que eso era lo que Dios me estaba llamado a hacer”, cuenta.

Escribir fue una terapia, dice Rachel, y compartir su historia — en la parroquia y en internet — ha abierto la puerta a gracias que nunca habían imaginado antes.

“Una de las gracias que recibimos…es que tanta gente comenzó a orar por nosotros, más de las que supimos, porque habíamos compartido”, afirma ella.

“Hubo momentos en los que fue difícil rezar”, agrega, “así que sé que eran las oraciones de esas personas las que realmente me dieron esa gracia extra que necesitaba en esos momentos de verdadera desesperación”.

 

Zelie Rose YabutZelie Rose was born October 24. Holding her for the first time “was just surreal,” Rachel said. Foto: Rex Yabut

‘Asombrada por Dios y por lo que nos ha dado’

Los Yabuts sintieron la fuerza de todas esas oraciones durante todo el año pasado, cuando supieron que Rachel estaba en cinta de nuevo y el bebé continuó creciendo por más tiempo que cualquiera de sus hermanitos.

Era la primera vez que a Rachel se le pudo ver en cinta, y la gente estaba “súper emocionada” por ellos. Pero por la historia que tenían y por el miedo que les engendraba, a ella a veces le fue difícil manejar esa exuberancia.

“Era como ‘Estoy feliz de que estés emocionado, pero yo no puedo estarlo, simplemente no puedo’”.

El mismo miedo paralizó a Rex, que no podía terminar de preparar el cuarto del bebé.

Antes de la fecha de parto, Rex y Rachel rezaron una novena del Rosario por 54 días por un parto seguro y sin problemas, y por un nombre para el bebé.

“Me dio mucha paz y consuelo simplemente estar allí al lado de todos mis miedos, mi ansiedad, y entregándoselos a María”, comenta Rachel.

Aun así, el miedo permaneció allí hasta que su saludable niña nació el 24 de octubre. Tomándola en brazos por primera vez “fue algo surreal”, cuenta Rachel.

“Fue como un flujo de alegría y pura felicidad, y sobrecogimiento por ella y por Dios, que nos la regaló”.

Yabut Family
“Father Jim has been joking that Zelie is like the royal baby at our parish,” Rachel said. Foto: Courtesy Rex Yabut

Le llamaron Zelie Rose, por Santa Zelie Martin (madre de Santa Teresa de Lisieux), a quién se le murieron tres niños infantes. Con el tiempo, Rex y Rachel encontraron gran consuelo en una frase de una de las cartas de Santa Zelie: “Encontraremos a nuestros pequeños de nuevo allá arriba”.

En la Iglesia San Michael, Zelie fue una celebridad instantáneamente.

“Todos estaban muy emocionados”, cuenta Rachel, “El Padre Jim ha estado bromeando con que Zelie es un bebé de la realeza en nuestra parroquia”.

“Hay parroquianos que la miran y casi lloran de emoción porque están tan felices y agradecidos”, agrega. “Para mucha gente, es la respuesta a sus oraciones también”.

Aunque los Yabuts están locos de alegría por su “bebé milagro”, tienen algo claro: el nacimiento de Zelie no borra la vida y muerte de sus hermanos, o el dolor por el que pasaron.

Todavía caen lágrimas por los niños que Rex y Rachel nunca tuvieron la oportunidad de tomar en sus brazos.

El dolor siempre estará allí, pero ha cambiado.

Una vez “se cernió sobre muchos años de nuestras vidas”, escribió Rex en un posteo de blog reciente.

“Ahora es un dolor que magnifica la esperanza proclamada por el Evangelio, que ha transformado nuestra familia”.

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Noroeste Católico – Enero/Febrero 2020

Kevin Birnbaum

Kevin Birnbaum is the editor/associate publisher of Northwest Catholic and a member of Seattle’s Blessed Sacrament Parish. Contact him at Kevin.Birnbaum@seattlearch.org.
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Kevin Birnbaum es el editor de la revista Noroeste Católico/Northwest Catholic y miembro de la Parroquia del Sagrado Sacramento en Seattle. Pueden contactarle en: Kevin.Birnbaum@seattlearch.org.