Semillas de la Palabra - Los pastores que corrieron presurosos

Foto: Martin Feuerstein, "Adoration of the Shepherds" Foto: Martin Feuerstein, "Adoration of the Shepherds"

Esta Navidad demos al Niños Dios la máxima prioridad

Hace poco más de dos mil años brilló una estrella iluminando desde el cielo el nacimiento del Redentor. Del cielo bajó una legión de ángeles, mensajeros de Dios, para anunciar a su pueblo que en Belén, la ciudad de David, había nacido para ellos el Mesías. “Sucedió que cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.” (Lucas 2,15-16)

Lo que se les había anunciado era tan importante, que debían acudir de inmediato. ¡No tenían un instante que perder! Por siglos enteros, las generaciones del Pueblo de Israel se habían preguntado “¿Hasta cuándo?” Y por fin había llegado a su fin esa espera: El Salvador había nacido. ¿Qué podía ser más importante? Corrieron presurosos, movidos por la curiosidad y por la emoción de ser testigos de la promesa que se había cumplido. Dice un villancico que de tanto correr, llevaban los zapatos rotos. Con su bello folclor, este villancico enfatiza ese frenesí con que los pastores corrieron con todas sus fuerzas al encuentro del Niño Dios. Debieron llegar jadeantes, pero emocionados.

Los pastores no perdieron tiempo por la sencilla razón de que para ellos no había nada más importante que ir a conocer al Salvador, al Mesías, al Señor.

Dios parece tener nuestra última prioridad

Pero en la vida diaria, las cosas no suelen ser así. La mayoría de las personas tienden a dejar para después a Dios. Sus prioridades son otras: primero hay que atender los negocios, después la familia, luego los amigos, más adelante el deporte, luego la internet y las redes sociales. Se hace ante todo lo que aquí y ahora parece urgente. Y quizás después, si sobra tiempo, unos cuantos minutos — y apresurados — le son dados a Dios. El mundo contemporáneo padece una crisis de fe, en la que Dios si acaso, queda al final. En nuestros tiempos, el encuentro personal con Dios parece tener siempre la última prioridad. 

La celebración de la Navidad es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor. Durante este bendito tiempo, tengamos la mirada fija en Jesucristo, “que inició y completa nuestra fe”. (Hebreos 12, 2) En él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte. Todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección.

Dios merece atención sin tardanza

Es tiempo de volver a fijar la mirada en Jesucristo. Es preciso hacer nuestra la actitud de los pastores y correr presurosos a encontrarnos con el Niño Dios en la cueva de Belén. Porque como vemos en el Evangelio, Dios tiene la máxima prioridad. Si algo en nuestra vida merece atención sin tardanza, es Dios mismo. Aprendamos de los pastores a no dejarnos someter por las urgencias de la vida cotidiana. Imitemos de ellos su libertad interior, que les permite poner en segundo plano cualquier otra ocupación con tal de correr al instante a conocer al Niño Dios.  

Corramos, porque esta Navidad, el Niño Dios nace para quedarse entre nosotros. Hagamos caso a la voz de los ángeles, “Os anuncio una gran alegría: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor.” (Lucas 2,10) ¡Corramos! ¡Lo encontraremos en los brazos de María, envuelto en pañales! 

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Noroeste Católico – diciembre 2016

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

Website: www.semillasparalavida.org