Del Editor

Las vidas de los negros importan. El racismo es malo. Y también lo son la complaciente indiferencia y un hipócrita anti-anti-racista “Todas las vidas importan”.  

“La vida de los negros importa” es, entre otras cosas, una simple verdad teológica. Las vidas de las personas de raza negra son infinitamente importantes para el Dios que las creó a su imagen y que murió por ellas. La razón por la cual “La vida de los negros importa” necesita ser dicho es porque, por mucho tiempo y en muchas maneras, nuestro país les ha tratado como si no importasen.

La brutal matanza de George Floyd y de varios otros en manos (y rodillas) de la policía revela la “profunda conexión entre el racismo institucional y la continua erosión de la santidad de la vida”, como expresó el Arzobispo Paul D. Etienne el 29 de mayo pasado.

Como católicos, podemos rechazar la destrucción y la violencia que han acompañado algunas protestas recientemente. No obstante, no debemos usar esto como excusa para negar, restar importancia o distraernos de la realidad y urgencia de las injusticias sistemáticas que hacen necesarias las protestas. Nuestra fe nos obliga a escuchar y a aprender —y a trabajar por la justicia.

 

Noroeste Católico –  Julio/Agosto 2020

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