Todo es un regalo

“Recibimos la vida no para enterrarla, sino para ponerla en práctica; no para conservarla, sino para darla. Quien está con Jesús sabe que el secreto de poseer vida está en darla”.

Este tweet del Papa Francisco capta la esencia de la corresponsabilidad. Como todo en la vida de un cristiano, la corresponsabilidad está enraizada en nuestra relación con Jesús. Habiendo encontrado al Señor Resucitado y habiéndonos comprometido a seguirlo como discípulos suyos, estamos llamados por Jesús a abrazar libremente una vida de completa generosidad. Nuestra gratitud por el regalo de la vida eterna que nos fue dado por medio de la cruz –y por el intelecto, los talentos, oportunidades y todas las bendiciones –debe llevarnos a vivir una vida de alegre generosidad y servicio.

En mi propio sendero de fe, me he dado cuenta de que cada aspecto de mi vida, incluso mi propia existencia, es un regalo de Dios. No hay nada que pueda yo hacer para ganar o merecer si quiera un momento de vida. Cada alegría y sufrimiento, talentos y discapacidades, relaciones, posesiones materiales y todo lo demás me ha sido dado como regalo, ya sea directamente de Dios o a través de la generosidad de otros.

El comprender que estoy recibiendo semejante generosidad en abundancia me llena de alegría y gratitud. Solo puedo preguntar: ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo??” (Salmos 116, 12).

La respuesta tiene sus raíces en los mismos dones con los cuales he sido bendecido. Cristo nos llama a regalar a Dios todo lo que somos y todo lo que tenemos. Como discípulos de Jesús, quien “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;” (Filipenses 2,7), estamos llamados a soltar nuestras ataduras a las posesiones materiales. Reconocemos que Dios es el Señor de todo, alegremente asumimos nuestro papel de corresponsables. Dios nos confía el cuidado de la tierra, de la familia y amigos, de los pobres y marginados de la sociedad, así como el uso apropiado de la riqueza material, de nuestro tiempo y capacidades, y de todo el resto.

Con las Escrituras, especialmente los Evangelios, y las enseñanzas de la Iglesia como nuestra guía, y del Espíritu Santo como nuestra luz, discernimos en oración cómo podemos usar mejor los dones que Dios nos da en servicio de los demás para mayor gloria del Señor.

Debemos practicar este proceso de discernimiento y corresponsabilidad a diario. Cómo utilizamos la siguiente hora de nuestro tiempo podrá tener un gran impacto en nosotros y en los demás. Dios nos está llamando a practicar la corresponsabilidad en las pequeñas y grandes cosas, en lo ordinario y rutinario, así como también en los eventos importantes de nuestras vidas. En todas las cosas, estamos llamados a poner todo de nosotros para imitar alegremente a Cristo.

Y, como Jesús nos dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. (Lucas 6, 38).

El Diácono Pierce Murphy es el Director Ejecutivo de Corresponsabilidad y Desarrollo para la Arquidiócesis de Seattle.

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Northwest Catholic - May 2020