Viviendo nuestra fe en medio de una pandemia

Los celulares y trípodes se convirtieron en las herramientas a las cuales recurrir para que las parroquias compartan sus liturgias con los feligreses en sus casas. Aquí, el Padre José Ugalde, sacerdote administrador de la parroquia Santa Elizabeth Ann Seton de Bothell, celebra una misa de Cuaresma en una iglesia vacía. Los celulares y trípodes se convirtieron en las herramientas a las cuales recurrir para que las parroquias compartan sus liturgias con los feligreses en sus casas. Aquí, el Padre José Ugalde, sacerdote administrador de la parroquia Santa Elizabeth Ann Seton de Bothell, celebra una misa de Cuaresma en una iglesia vacía.

El 11 de marzo, el Arzobispo Paul D. Etienne se convirtió en el primer obispo de los Estados Unidos en suspender la celebración pública de la misa en respuesta a la pandemia del COVID-19 — un ejemplo que eventualmente sería seguido por el resto de las diócesis del país.

 “Hacemos esto no por miedo, sino por amor al prójimo”, escribió el arzobispo en una carta del 24 de marzo, en la cual urge a los católicos a seguir la orden del gobernador Jay Inslee de “Quédate en casa, mantente sano”.

La pandemia ha afectado cada aspecto de nuestras vidas, incluyendo la manera en que practicamos nuestra fe. Pero no ha impedido que la Iglesia Católica continúe la misión de Cristo en la Arquidiócesis de Seattle.

Más de 100 parroquias y misiones de toda la arquidiócesis comenzaron a transmitir en vivo la misa dominical.

Con las escuelas primarias y secundarias cerradas, las escuelas católicas pronto dieron un giro hacia la instrucción a distancia.

Los Servicios Católicos para la Comunidad del Oeste de Washington, la Sociedad de San Vicente de Paul y los bancos de alimentos parroquiales se adaptaron a las normas de distanciamiento social para continuar sirviendo a las personas necesitadas de nuestra comunidad.

Y los sacerdotes continuaron celebrando los sacramentos— incluso, siempre que fuera posible, llevando la unción de los enfermos a las víctimas del COVID-19.

“Este es un momento históricamente importante — y una oportunidad para nosotros —  de vivir verdaderamente nuestra fe”, escribió el Arzobispo Etienne en su carta del 24 de marzo.

 “Rezo para que podamos mirar atrás en el tiempo y regocijarnos en cómo las personas fueron testigos del amor de Dios y del prójimo. Rezo para que veamos el coraje, la amabilidad, las obras generosas de amor que promueven el sentido de comunidad, ayudan a los necesitados, y animan a todos a fortalecer la fe en su relación con Jesucristo. Esto es lo que significa ser católico.”

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Noroeste Católico – Mayo 2020