¿Qué es el kerygma?

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P: De vez en cuando escucho a alguien decir la palabra kerygma, pero nunca he comprendido en realidad qué significa. Entonces, ¿qué es el kerygma?

R: Muchos católicos no están familiarizados con el término kerygma y entonces pueden quedarse perplejos cuando la leen o escuchan. Kerygma es un término griego que simplemente significa “predicación” y se usa para describir el contenido del mensaje apostólico de Jesús. Sn. Pablo nos recuerda en la Carta a los Romanos 10,14, que la predicación es esencial para que la gente crea en Jesús y se salve.

Cuando Pablo se refería a la predicación del kerygma, hablaba de un mensaje muy específico, no solo de una homilía general sobre cualquier aspecto de la fe. Pablo predicó ante todo el mensaje de la muerte y resurrección de Jesús y su significado salvífico. Pablo también predicó sobre la respuesta que debemos dar a fin de aceptar y vivir esta acción salvífica de Jesús.

El contenido de la predicación de Pablo pudiera parecer simple, pero debe entenderse como el fundamento sobre el cual se basa todo lo demás. Toda otra enseñanza cristiana depende y emana de la verdad de la muerte salvífica de Jesús y su resurrección.

Para comprender el impacto de la predicación de Pablo, debemos ubicarla en el contexto amplio de la historia de la salvación.

Es importante recordar que Dios creó el mundo bueno y quería que la humanidad viviera con Él en una comunión de paz y de amor.

Este estado de gracia original fue perdido por la desobediencia que alteró nuestra comunión con Dios y con los demás y resultó en un estado de enajenación y falta de armonía. El plan original de Dios para nuestras vidas quedó oscurecido por las tinieblas del pecado. La humanidad cayó en un estado desde el cual no podríamos salvarnos a nosotros mismos.

En la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo único, Jesucristo, para ser nuestro Salvador de las fuerzas del pecado y de la muerte. Jesús restauró nuestra relación correcta con Dios Padre a través de la reconciliación (paz) de su cruz. Nos abrió las puertas del cielo mediante su resurrección y su ascensión. Jesús reina eternamente como Señor del cielo y de la tierra con el Padre y el Espíritu Santo. Más aún, envió a su Espíritu Santo a nuestros corazones para que se transformen en su cuerpo místico en la comunión con la Iglesia donde Él continúa pronunciando su palabra para nosotros y para alimentarnos con su sí mismo (cuerpo y sangre) en la Eucaristía.

Las fuerzas del pecado y de la puerta no pueden tener más la última palabra para aquellos que aceptan y responden a lo que Jesús ha hecho por nosotros en el plan de la salvación de Dios. Más bien, los cristianos que comparten en plenitud la vida de gracia son atraídos profundamente a una comunión eterna de vida y amor con el Padre, por el Hijo, y en el Espíritu Santo.

¡Este es un mensaje muy poderoso! Y es un mensaje que debemos aceptar y al que debemos responder.

Nosotros aceptamos y experimentamos ese mensaje a través de los sacramentos, en especial el bautismo. Con regularidad aceptamos ese mensaje mediante la profesión del Credo y la recepción de la Comunión en la misa. Decir “Sí” al mensaje de la muerte y la resurrección de Jesús reorienta nuestra vida entera en cada forma posible. Esta reorientación de nuestra vida es llamada conversión.

Responder al mensaje de la muerte y resurrección de Jesús puede ser desafiante porque conlleva implicaciones enormes para nuestra vida, según advierte Sn. Pablo en sus epístolas a los primeros cristianos.

Aceptar y responder a una nueva vida en Cristo Resucitado tiene implicaciones morales al ser llamados a vivir como hijos de Dios. Aceptar y responder al Señorío de Jesús significa que buscamos y seguimos la guía de Dios en cada decisión que tomamos. Vivir en la comunión del Espíritu Santo como cuerpo de Cristo significa que somos miembros activos de la Iglesia que celebra a nuestro Señor de palabra y en los sacramentos y se convierte en su presencia en el mundo como discípulos misioneros.

Para saber más acerca de la forma en que la muerte y la resurrección de Jesús (kerygma) podría afectar nuestras vidas cada día, te animo a leer las epístolas de Pablo en el Nuevo Testamento. Toda nuestra fe católica está basada en esta verdad esencial. Tal vez las cartas de Pablo puedan hablarte en una nueva forma y te ayuden a obtener una renovada apreciación de lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesús y de cómo experimentamos la vida de nuestro Señor en una forma única e intensa mediante la participación activa en la vida de la Iglesia que conduce a una mayor santificación personal.

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Noroeste Católico - diciembre 2017

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.