Decirle ‘Sí’ a Dios

El Padre Sartain y el Padre Joe Tagg en Roma, en 1978. Foto: Arkansas Catholic El Padre Sartain y el Padre Joe Tagg en Roma, en 1978. Foto: Arkansas Catholic

A través de los años, con frecuencia me han preguntado si pude haber dicho “No” en l999 cuando el nuncio del papa llamó para informarme que el Papa Juan Pablo II me había nombrado obispo de Little Rock. Generalmente contestaba que podía haber declinado el nombramiento por alguna muy buena razón de la que el Santo Padre no tuviera conocimiento y mencionaba algunos ejemplos posibles. Pero hace 15 años, cuando alguien me preguntó lo mismo, me di cuenta de que había estado respondiendo inadecuadamente.

Desde entonces respondo, “Aunque no me daba cuenta entonces, dije ‘Sí’ al nombramiento de obispo de Little Rock la mañana del 21 de abril de 1977, cuando fui ordenado diácono.”

Con esto no quiero decir que yo ya intuía que algún día sería nombrado obispo o que yo aspiraba ser obispo. ¡Todo lo contrario! Cuando pensaba en el futuro, estaba seguro de que sería sacerdote de la Diócesis de Memphis por el resto de mi vida. Y me sentía a gusto con ello.

En un momento durante la liturgia de la ordenación hace 40 años, el Arzobispo Jean Jadot tomó mis manos entre las suyas y me dijo, “¿Prometes obediencia y respeto a tu obispo y sus sucesores?” Yo respondí con un “Sí” rotundo porque tenía toda la intención de entregarme al Señor y a su Iglesia como respuesta a su llamado al ministerio ordenado.

A través de los años, mi entendimiento de esa promesa ha madurado. Siempre he confiado en que podría discernir la voluntad de Dios en lo que el obispo me pidiera hacer, ir a donde me asignara, fielmente enseñar la fe católica y ser fiel a los papas que en el futuro guiarían a la Iglesia.

Con el correr de los años, he entendido más plenamente que por el hecho de haber prometido obediencia a mi obispo y sus sucesores, me he entregado por completo y de todo corazón a Dios y a la Iglesia Universal, sin reservas ni condiciones. De hecho, yo dije, “Iré donde la Iglesia me necesite. Iré donde lo requiera el amor de Dios y de su gente. Pondré a Dios y a su Iglesia por delante de mis planes, mis preferencias, y mis predicciones. Entregaré mi vida unida al sacrificio de Jesús. Amaré.”

Por tanto, he dicho, “… en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y en la escasez, hasta la muerte.”

Una promesa de obediencia es una promesa de amor incondicional, de entregarse sin condiciones, de ser fiel sin condiciones, de confiar en Dios sin condiciones. Eso es lo que quiero decir cuando digo, “Dije ‘Sí’ a ser el obispo de Little Rock al ser ordenado como diácono en 1977” (y “Sí” a ser el Obispo de Joliet y “Sí” a ser el Arzobispo de Seattle, y “Sí” a todo, lo gozoso y lo doloroso, que fluya de esos “Sí”).

Hace poco oficié la boda de uno de mis sobrinos. Él y su esposa tienen su vida por delante, y con profundo amor del uno por el otro y con fe en Dios, respondieron a la llamada de Dios al matrimonio. Sus promesas matrimoniales transforman el resto de sus vidas, lo cual es lo mismo que decir que su obediencia mutua transformará el resto de sus vidas.

El madurar en el entendimiento de mi obediencia ha sido en gran parte porque Dios tomó mi “Sí” muy seriamente y con el correr de los años me ha ido enseñando lo que significa amar. Me ha estirado, me ha desafiado, me ha empujado, me ha jalado: me ha amado. Me ha enseñado a confiar en Él y en su llamado, a confiar en su Palabra y en la enseñanza de la Iglesia: a tomar su “Sí” muy seriamente.

Dios me ha llevado a lugares que nunca imaginé que iría, geográficamente hablando ciertamente, pero más aún espiritualmente. ¡Hasta mi cirugía de la columna y todo lo que conlleva son parte de mi promesa de obediencia! Porque ser obediente es tomarse en serio las palabras de Dios a Sn. Pablo: “Mi ‘gracias’ te basta.” (2 Corintios 12,9) Después de 40 años de ministerio ordenado, no dudo que el Señor me llamará a hurgar más profundamente en su gracia.

Bishop Mueggenborg's diaconal ordination
Bishop Mueggenborg’s diaconal ordination. Photo: Eastern Oklahoma Catholic

El 31 de mayo, tendré la gran alegría de ordenar a Mons. Daniel H. Mueggenborg al episcopado. ¡Él dijo “Sí” a ser ordenado nuestro obispo auxiliar cuando fue ordenado diácono en 1989!

Este fascículo de Noroeste Católico está dedicado al Obispo Mueggenborg, a las religiosas que celebran sus diversos aniversarios y a los jóvenes que muy pronto serán ordenados sacerdotes. Muchas cosas los enlazan, y entre ellas está la obediencia que alegremente prometieron en imitación y unión con Jesús.

No actúen por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada uno a los demás como superiores, buscando no el propio interés, sino el de los demás. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.

El cual,
siendo de condición divina,
no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios,
sino que se anonadó a sí mismo
tomando la forma de siervo,
hecho semejante a los hombres;
se humilló a sí mismo
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
(Filipenses 2,3-8)

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Noroeste Católico – junio 2017

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

Website: www.seattlearchdiocese.org