Lentos … pero seguros

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Construyendo el reino de Dios

Cuenta una historia que: “Después de largo tiempo de trabajar en el mismo sitio, dos empleados de la construcción fueron abordados por su supervisor buscando conocer sus sentimientos en ese empleo. El primero respondió acremente subrayando que el trabajo era duro y tedioso pero que necesitaba el trabajo para mantener a su familia y por eso aguantaba día con día. El segundo respondió que se sentía feliz y privilegiado por ser parte de la construcción de un gran proyecto.”

Las grandes obras no pueden ser hechas a la carrera. La muralla China, las pirámides de Egipto, la Basílica de Sn. Pedro, Notre Dame de París y tantas otras obras majestuosas necesitaron de varias generaciones y sus autores originales no tuvieron la dicha de verlas terminadas.

Han pasado ya veinte siglos desde que Jesús empezó con el proyecto de construcción de su Reino enviando a sus discípulos hasta los confines de la tierra y aún no está completada la obra. Jesús, como arquitecto, se preocupó más de que su construcción tuviera cimientos muy sólidos y capaces de resistir por los siglos en todas las circunstancias, y dejó casi todo el resto del diseño a la interpretación de los continuadores de su obra.

Jesús puso inconmovibles cimientos de fraternidad, veracidad, libertad, dignidad, alegría y paz, y murió confiando plenamente en que nosotros, sus discípulos, habíamos aprendido a construir como Él y deseábamos conservar y hasta perfeccionar su obra maestra si fuera necesario.

Dice un dicho de la sabiduría popular que “el discípulo nunca es mejor que el maestro”, aunque estoy seguro de que Jesús y cualquier otro maestro se sienten felices cuando un aprendiz suyo se atreve a perfeccionar la obra basándose en lo que ha recibido.

Nosotros, los discípulos de Jesús, hemos sido ciertamente lentos en el aprendizaje y quizá aún más lentos al construir, pero el Maestro sigue confiando en que su enseñanza dará finalmente resultados de una obra majestuosa que perdure por los siglos.

Millones de mujeres y hombres a lo largo de los siglos han puesto sus destrezas de alma, mente y cuerpo en la construcción del reino que Jesús nos dejó como legado. Sobre los cimientos originales hemos edificado misiones, escuelas, hospitales, templos y toda clase de hermosas decoraciones que embellecen el mundo por doquier, pero sin duda aún nos queda tanto por aprender, corregir y perfeccionar.

Los cimientos de paz, alegría, fraternidad y libertad que Él cavó, no pueden sostener la violencia, la división, la mentira, el miedo o la amargura. Nosotros, los aprendices de Jesús, seguiremos completando, aunque lentamente y con muchas correcciones, la arquitectura del reino, hasta que no quede en el diseño ningún vestigio de guerra, opresión, falsedad o división.

Queda mucho por construir, pero trabajamos felices, orgullosos y sabedores de tener el privilegio de ser parte de este gran proyecto. Construimos con la seguridad de que sus enseñanzas están colmadas de esa sabiduría imperecedera que hace tangible en nuestro mundo la sabiduría eterna de Dios mismo, que es el Arquitecto Máximo de todo y de todos.

Construyamos cada uno de nosotros la parte del Reino que nos ha sido encomendada: como ciudadanos al crear leyes que defiendan y promuevan la dignidad de todos ser humano con necesidad de casa, vestido, sustento, familia y cariño; como cristianos y discípulos de Jesús al mostrar con nuestra vida la alegría de perdonar y ser perdonados, la libertad del compartir, la fuerza de la fraternidad, la libertad de la pureza, la grandeza de la ternura y la firmeza de la verdad.

Edifiquemos confiados y seguros de que los millones de alumnos de Jesús que nos han precedido seguirán iluminando nuestras mentes y corazones para fortalecer, engrandecer y embellecer la edificación del reino de Dios ya desde este mundo, donde todo ser humano tenga cabida.

María supo descubrir y gozar el privilegio de ser parte de ese gran proyecto. Sigamos su ejemplo edificando gozosamente nuestra parte.

Jesús, el arquitecto que nos ha enseñado y contratado, paga a todos con igual gozo de ver su obra maestra cada día más terminada.

¡Manos a la obra!, ¡qué gran privilegio!

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Noroeste Católico – marzo 2017

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org