Navidad hoy

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Parto inducido

Se llegó el tiempo de dar a luz

Después de nueve meses de lenta gestación, toda madre está lista para dar a luz, porque el bebé en su vientre ya está maduro para nacer. Algunas circunstancias hacen que el parto no llegue y entonces los médicos deben intervenir para provocar el nacimiento o practicar una cesárea pues peligran las vidas de ambos.

Navidad es tiempo de parto para nosotros, los creyentes en Jesús. Dios ha ido preparando el corazón de cada uno de nosotros, los bautizados, como el vientre sagrado donde crezca el Emmanuel, Dios con nosotros. En alguno de nosotros, Dios ha tenido muchos años de gestación que Él mismo ha pacientemente respetado para que Su vida llegara a madurar.

Llegan los dolores; hay que inducir el parto o corremos el riesgo de dejar morir en nuestro corazón la vida de Dios que debe nacer a través de nosotros. Odio, masacres, violencia, hambre, injusticia, racismos, guerras, corrupción, son los agudos dolores que nos hacen descubrir la urgencia de una cesárea en nuestro interior para que salga a la luz la única vida que puede traer un cambio en el mundo; el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios en nuestra carne humana.

Los dolores de parto nos llenan de confusión; el gozo de experimentar esa nueva vida brotando en nuestro interior, y al mismo tiempo el miedo del futuro. Los cambios y desafíos que esa vida trae en nuestra vida diaria y la incertidumbre de nuestra capacidad para enfrentar las sorpresas y novedades que trae consigo.

La sabiduría infinita de Dios que nos ha llamado a la vida y nos ha escogido como discípulos de su Hijo Jesús, no se equivoca jamás y no nos pedirá algo que Él sabe que no somos capaces de hacer. Él nos pide dar a luz misericordia. La misericordia que Él ha hecho nacer en nuestro interior al perdonarnos. Nos pide hacer nacer alegría; la alegría que engendró en nuestra existencia al salirnos al encuentro un cierto día de nuestras vidas. Él desea que tengamos un parto de ternura; la ternura con la que Él nos rescató de la soledad en que vivíamos.

En riesgo de abortar

“Hijos míos, por quienes padezco otra vez dolores de parto, hasta que Cristo esté formado en ustedes.” (Gálatas 4,19)

Dios, nuestro Padre, que nos ha regalado la libertad y nos ha preparado largamente para dar a luz a Jesús en nuestras vidas, se arriesga a que abortemos a su Hijo. Nuestro corazón tiene ya contracciones a causa de la injusticia, de la codicia, del egoísmo y de tantos otros contaminantes en el vientre de nuestras almas. Él quiere que nuestro interior se dilate para poder nacer llorando a todo pulmón por nuevas formas de unidad y de fraternidad. Desea que se dilate nuestra alma y deje nacer nueva vida de ternura y de perdón. Jesús quiere nacer desde nuestro interior buscando un abundante pecho donde saciar su hambre de pureza, donde colmar su sed de paz, de libertad, de integridad y de unidad.

Arrodillado en el fondo de nuestra alma, Jesús sabe que está en riesgo de ser abortado en cualquier momento. Él siente las contracciones de nuestra alma. Él sabe muy bien que queremos darlo a luz, que queremos traerlo a este mundo, pero también siente y entiende nuestras angustias y temores ante el futuro.

Desde el fondo de nuestro preñado corazón, Jesús nos grita que el trae esperanza y alegría para el mundo que camina en tinieblas. Que Él será vida eterna para todo aquel que lo deje nacer en Él, pero que tiene que ser un parto deseado. Un parto doloroso y con sangre, pero portador de nueva vida.

María supo dejar al Espíritu Santo dilatar su cuerpo y su alma para parir esperanza, para dar a luz una nueva humanidad, una nueva raza que se hermana con todo aquel que trabaja por la paz, por el perdón, por la justicia, por la dignidad de toda mujer y hombre que viene a este mundo. María se dejó preñar por el poder de Dios ante el cual nada hay imposible y gracias a ella tenemos a Dios con Nosotros: Jesús.

Celebremos con toda la Iglesia litúrgicamente el nacimiento de Jesús, pero al mismo tiempo dejemos que siga induciendo Su parto en nuestras vidas para entregarlo como regalo a nuestro alrededor; en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra Iglesia, en nuestra sociedad.

Miles de hombres y mujeres creyentes han dado a luz a Jesús en el mundo a lo largo de los siglos haciendo posible que hoy estemos aquí. Nos toca hoy a nosotros dar a luz a Cristo para los que vienen detrás de nosotros. Aunque sea un parto inducido, siempre trae vida y vida en abundancia.

Que tengan un santo y gozoso parto. ¡Felicidades!

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Noroeste Católico – noviembre 2017

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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