Un bebé que habla

Gracias a los evangelistas, tenemos la posibilidad de leer las enseñanzas y acciones primordiales de Jesús a lo largo de su vida. Yo creo, sin embargo, que Jesús habló más que nunca recién nacido en el pesebre de Belén, cuando aún no había aprendido a comunicarse con palabras. Él era la Palabra hecha hombre, como dice Sn. Juan: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Juan 1,14).

Desde el pesebre, Jesús habla del inmenso amor que Dios Padre siente por su creación, hasta el punto de nacer como uno de nosotros. Envuelto en pañales, Jesús predica con la más depurada elocuencia sobre la confianza en la sabiduría de Dios, que contrasta con la simple lógica humana.

Con sus balbuceos en ese establo, Jesús dicta una ponencia magistral sobre las desigualdades sociales y las apariencias externas. Rodeado de animales, ese nuevo bebé proclama su unidad con la bondad de todas las creaturas. Su silente nacimiento en una desconocida aldea proclama un nuevo régimen en el mundo conocido, que hace temblar a los gobernantes establecidos. 

Las frágiles manitas de ese recién nacido arañando el aire, buscando un contacto, nos dan un discurso sobre la necesidad que tenemos de los demás para aprender a ser humanos. Esos inquietos pies diminutos, nos explican lo mucho que habrá que caminar por el mundo para ir al encuentro de otros hombres y mujeres distantes.

Ese pequeñito cuerpo desnudo nos da una cátedra sobre la confianza total en la providencia, sobre el desprendimiento absoluto de cualquier posesión mundana, sobre la pureza, belleza y dignidad de un ser humano, diseñado en la oscura sacralidad de un vientre maternal.

Acompañado por María y José, ese bebé nos explica la belleza del núcleo familiar, que ofrece protección y sostén ante cualquier ambiente. La visita de los magos de oriente le permite al recién nacido enfatizar sin palabras la unidad universal de la humanidad.

La majestuosa presencia de ese infante pregona de tal manera su reinado sobre toda la creación que una legión de ángeles irrumpe en su presencia manifestando la alegría de Dios y anunciando bendiciones de paz para el mundo. Todo gracias a este pequeño e insignificante orador que envía un estridente mensaje sin palabras.

Ese bebé lleva ya dos mil años predicando sin palabras. Jesús sigue aprendiendo a hablar en cada bebé que viene a este mundo, sigue predicando un mensaje de amor de parte de Dios por sus creaturas y su confianza en ellas, sigue predicando esperanza en cada madre que contempla embelesada el misterio de la nueva vida que surge en sus entrañas y desea ser parte de ese mensaje en un futuro que inicia en ese momento.

Celebremos que, desde hace dos mil años, la Palabra se hizo carne para contarnos el amor de Dios por nuestra humanidad. Dejemos que, en esta temporada, cada bebé nos predique como Jesús que el amor de Dios se hace continuamente carne entre nosotros, para ser gozosamente abrazado.

Santa y dichosa Navidad para todos. 

Noroeste Católico - Diciembre 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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