Allí donde no hay amor

Foto: Shutterstock Foto: Shutterstock

Tratando con personas difíciles

En esta vida existen dos formas de lograr la colaboración de alguien más: por la buena o por la mala. Tal vez alguien piense, “¿Y? Eso, cualquiera lo sabe”. Así es. Pero también es cierto que, aun sabiéndolo, no cualquiera lo aplica.

Esto es relevante, incluso desde un punto de vista religioso, pues uno es el estilo de los hijos de Dios y el otro, el de las personas mundanas. Piensa cómo en cualquier ámbito se puede lograr exactamente lo mismo por la buena y por la mala.

A nivel doméstico, los padres pueden lograr que sus hijos hagan lo mismo por la buena, que por la mala. Pero, aunque los padres logren su objetivo forzando a sus hijos a realizar algo por la mala, lo cierto es que los hijos no los obedecen. Simplemente, son sometidos. En cambio, el papá que sabe pedir las cosas por la buena y consigue el mismo objetivo, sí que es obedecido.

Es mejor por la buena

Lo mismo en cualquier otro ámbito: en el escolar, un maestro con sus alumnos; en el laboral, un patrón con sus empleados; en el de la salud, un médico con sus pacientes; en el comercial, un cliente con quienes le proveen un servicio o le ofrecen un bien. El trato con los meseros, con los vendedores, con los cajeros del banco, con los empleados de una oficina de gobierno … se puede lograr lo mismo por la buena, que por la mala.

Puede ser que alguien replique, “¡Vaya! Se ve que usted no conoce a mis hijos”. Es posible que no. Pero, yo también tengo dos hijos y sé por experiencia que es posible lograr lo mismo por las dos vías y que por la buena, tiene uno la paz doméstica asegurada. También soy hijo y esposo; soy empleado y tengo superiores. Sé muy bien que de la forma como soy tratado depende en gran medida mi desempeño. Aunque entregue lo mismo, cuando soy tratado con amabilidad rindo más que cuando alguien pretende amenazarme.

Quien piensa que la única forma de obtener algo en cualquier sitio es la mala: siendo imperativo, alzando la voz, ordenando en vez que pidiendo, siendo exigente, humillando, siendo impaciente, haciendo aspavientos y caras para mostrar malestar y disgusto, no procede como un hijo de Dios sino como alguien que es prisionero de su egoísmo. Le conviene entonces recordar la máxima de Sn. Juan de la Cruz, “Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor”.

Puede más una gota de miel

Sn. Juan de la Cruz tenía toda la razón del mundo. Bien dice la sabiduría popular que, puede más una gota de miel, que un tonel de hiel. Es algo que yo mismo he comprobado. No solo cuando se tiene cierta posición de superioridad ante alguien más, padre a hijo, patrón a empleado, maestro a alumno, sino también cuando se trata de buscar la colaboración de alguien con la misma jerarquía. Puede ser nuestra pareja, nuestros hermanos o nuestros compañeros de trabajo. Cuando las personas se muestran renuentes, no quieren colaborar y hasta se tornan agresivas, donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor.

Por supuesto que cuando alguien se torna agresivo o violento, lo prudente es apartarnos. Pero cuando lidiamos con una persona difícil que se rehúsa a cooperar, nos conviene siempre sonreír, ser amables y pedir las cosas por favor. Es pidiendo como se recibe. Y así, el que pone siempre amor allí donde no hay amor, encontrará siempre amor.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Read the English version of this column.

Noroeste Católico – Noviembre 2018

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, a member of St. Monica Parish on Mercer Island, is a Catholic journalist. His website is www.seminans.org.

Website: www.seminans.org