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El fuego del amor

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Ven, Espíritu Divino, porque sin darnos cuenta, nos hemos alejado de ti, de tu amor, de tu presencia en nuestras vidas. Andamos sin rumbo persiguiendo espejismos que se desvanecen cuando por fin los alcanzamos.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Ven, Paráclito Eterno, que necesitamos de ti tal vez más que nunca. Irrumpe con fuerza con tu viento violento en el cenáculo de nuestros hogares, abriendo las ventanas de nuestro corazón de par en par. Sacúdenos, estremécenos, anonádanos y haznos vibrar. Despiértanos del sopor que nos tiene adormecidos e impúlsanos a vivir la vida a manos llenas.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Llena nuestros corazones, porque se han quedado vacíos. Tanto hemos intentado llenarlos de nosotros mismos que, al hacerlo, no hemos dado cabida al verdadero amor, ese que arde como fuego apasionado. Nos hemos llenado de lo mundano sin dar cabida a lo que nos santifica.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Enciende tu fuego divino porque andamos en tinieblas. La tristeza, el miedo, la confusión y el pecado, juntos, ciernen su sombra asfixiante sobre nosotros y no nos dejan ver tu “luz que penetra las almas y que es fuente del mayor consuelo” (Secuencia de Pentecostés). Pretendemos iluminarnos encendiendo llamas vanas, fuegos fatuos, quimeras y nada más. Es por eso que no vemos, a falta de la luz refulgente de las llamas de tu sabiduría. Ilumina nuestra vida con tus flamas, da calor a nuestras almas frías, concédenos la gracia de dejarnos por ti quemar, para poder nosotros alumbrar a los demás.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

De ese amor verdadero, enloquecidamente ardiente y generosamente apasionado. De ese amor cuya llama no se extingue, que nos da calor en la tristeza y nos hace vibrar en la felicidad. De ese amor que nos hace auténtica imagen y semejanza del Creador. De ese amor que nos hace vaciarnos de nosotros mismos para darnos de lleno a los demás. De ese amor generoso que nada retiene para sí y que todo lo comparte. Tercera Persona de la Trinidad Santísima, amor eterno entre el Padre y el Hijo, concédenos que no tengamos pena de amar con pureza. Que no tengamos miedo de amar con locura. Que no tengamos reparo en amar con pasión.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

“Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento” (Idem).

Purifica, renueva y santifica cada día de nuestras vidas. Amén.

¡Apasiónate por nuestra fe! 

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Noroeste Católico – Mayo 2020

Mauricio I. Pérez, a member of St. Monica Parish on Mercer Island, is a Catholic journalist. His website is www.seminans.org.

Website: www.seminans.org
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