Imaginando al Niño Jesús

No podía dormir. Era una noche fría y a la vez acogedora de diciembre. Tal vez había comido demasiadas galletas. O tenía una lista demasiado larga de cosas que hacer en mi cabeza. Todo lo que sé es que estaba despierta. Le dejé a mi esposo roncando profundamente en la cama, me acurruqué en el sofá de la sala con el control remoto y busqué algo que mirar en la televisión.

En uno de esos canales raros, encontré un especial de Navidad de los años 80 con un muy avejentado Jimmy Stewart, el programa se denominaba La navidad de Mr. Krueger. Stewart era el personaje principal, un viudo solitario que trabajaba como conserje en un edificio. Mientras decora su apartamento, en el sótano, para la Navidad, saca su pesebre y se imagina parado frente al Niño Jesús. 

El Sr. Kruegger se ve frágil y tierno ante ese bebé. Su voz tiembla de emoción. Se mira de arriba abajo y desea haberse vestido mejor para la ocasión. Se presenta a sí mismo, y luego se sonroja diciendo: “pero tú ya sabes eso”. Agradece a Jesús por haberle acompañado cuando perdió a su mujer, por enseñarle a tener paciencia con un vecino que era particularmente cascarrabias, y dice que siempre supo que Jesús le amaba.

De repente me encontré con lágrimas en los ojos. Claro, había escuchado en homilías y devocionarios a lo largo de los años que debías imaginarte frente al niño Jesús, pero al ver a este querido actor me dio una nueva perspectiva. El Sr. Kruegger cae de rodillas ante el pequeño bebé, diciendo con lágrimas en sus ojos, “Te amo”.

Este año, siento la urgencia, hasta con más fuerza. ¿Cómo puedo preparar mi hogar, mi corazón, y a mí misma para el niño Jesús? Anhelo desesperadamente el consuelo de Jesús, que me envuelva en su misterio.

Desde que se desató la pandemia, no he sujetado a un bebé en mis brazos. Mi sobrino mayor recientemente contrajo matrimonio y su primer hijo nació en abril (sí, me convertí en una tía-abuela a los cuarenta y tantos). Este bebé se parece a mi hijo, cachetón y con ojos claros. Guardo todas las fotos que su papá me manda por texto. A veces me imagino lo maravilloso que sería poder alzarlo, sentir su aroma a bebé y besar sus cachetes. Para cuando le conozca, ya habrá perdido ese aroma a bebé recién nacido y estará correteando por todas partes.

Imaginar a mi sobrino nieto es a veces más fácil que imaginar al niño Jesús. ¿Me arrodillaré, como el Sr. Kruegger, ante Él? ¿Tomará mis dedos con su manita? ¿Le susurraré al oído cuánto lo he esperado? Estoy poniendo tanta esperanza en este pequeñín.

El poeta Malcolm Guite escribió: “Cristo es el corazón de cada historia humana”. Siempre sentí la importancia de Cristo en mi historia personal, mi dolor, mis miedos, mi redención, pero este año siento fuertemente la magnitud de nuestra necesidad de él en nuestra historia colectiva, como una nación, como una iglesia, como un mundo.

Así que me imagino a María poniendo al niño en mis brazos esta Navidad, para que yo lo cargue. Cierro los ojos, respiro sobre su tierna cabecita, y susurro en su oído: “Estoy tan feliz de que estés aquí. Hemos estado esperándote. Te necesitamos.”

Noroeste Católico - Diciembre 2020

 

Shemaiah Gonzalez

Shemaiah Gonzalez, a member of St. James Cathedral Parish, is a freelance writer with degrees in English literature and intercultural ministry. Find more of her writing at shemaiahgonzalez.com.
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Shemaiah Gonzalez, miembro de la parroquia de la Catedral de Saint James, es escritora independiente con diplomas en Literatura inglesa y Ministerio Intercultural. Puedes encontrar más de sus redacciones en: shemaiahgonzalez.com.