Jesús es la respuesta

En la escuela católica primaria a menudo escuchaba este chiste: “Si no sabes la respuesta en un examen, simplemente escribe Jesús, porque Jesús es siempre la respuesta”. A los 22, ese chiste me parece más cierto que nunca. Jesús realmente es la respuesta a cada pregunta, pero no tanto a la manera de mis compañeros de escuela.

Donde estudio actualmente, la Universidad de Washington, la política está de moda. Las elecciones, los temas de justicia social y las políticas públicas parecen ser de máxima importancia, y lo comprendo. Muchos de nosotros vemos la acción política como la mejor manera de tener un impacto positivo en el mundo. Después de todo, nuestras discusiones políticas buscan resolver algunos de los más grandes problemas mundiales.

Pero como joven católico, he aprendido que la acción política no se compara con el discipulado cristiano.

Con esto no quiero decir que la política no sea importante — la iglesia enseña que el gobierno desempeña un papel esencial en defender y promover el bien común, y deberíamos llevar nuestra fe a las plazas públicas. Pero para un católico, la política no es suficiente.

“Da al que te pide”.

“Vende lo que tienes y dáselo a los pobres.”

“Lo que hagan por uno de estos mis pequeños hermanos, por mí lo hacen”.

Cuando pensamos en la pobreza o en la injusticia social, nos sentimos tentados a pensar: “Para eso pago los impuestos. El gobierno puede arreglar esos problemas”. Pero Jesús nos dice a nosotros que amemos a nuestro prójimo. ¡Nos lo dice a cada uno, personalmente!

El gobierno puede desembolsar dinero, pero no puede amar. Solo nosotros podemos hacerlo. Puede ser útil recibir un cheque del gobierno, incluso esencial; pero que un vecino nos demuestre su amor puede cambiar nuestra vida. Ese es el poder del Evangelio.

He aprendido esto de mi papá. En su trabajo como voluntario de la Casa de la Natividad en Tacoma, un programa de los Servicios Comunitarios Católicos, él ayuda a proveer comidas calientes y vivienda a los necesitados. “Cuando entrego a alguien el alimento y ellos me agradecen, no solo me están agradeciendo por la comida”, explica, “sino que me agradecen porque les he demostrado le importan a alguien. Es algo personal”.

Mi papá no ve a estas personas como problemas a ser resueltos, sino como personas a ser amadas. Es fácil mirar las noticias y lamentarse pensando: “Hay tantos problemas en el mundo, pero Jesús nos recuerda que la vida no es un juego de números”.

Como dice nuestro Obispo Auxiliar, Daniel Mueggenborg: “Todo lo que hacemos como cristianos es destinado a ser un ministerio — la acción sagrada de Cristo que sirve a Cristo. Estamos llamados a decir sí a la presencia de Jesús en nosotros, que obra a través nuestro para servir al Jesús presente en los demás”.

Si podemos hacer esto, amar a cada uno de nuestros semejantes, cambiaremos el mundo.

Jesús es verdaderamente la respuesta.

Jack Mennie es miembro de la Parroquia San Vicente de Paul de Federal Way y del Centro Newman Príncipe de la Paz en la Universidad de Washington.

Noroeste Católico - Noviembre 2020