Memento mori: Enfrentando la muerte para vivir bien

Soy el tipo de madre que hace que su familia visite los cementerios cuando estamos de vacaciones. Hemos leído poemas de famosos poetas en sus tumbas. Hemos rezado oraciones a la tumba del Soldado Desconocido. Nos hemos tomado fotografías en las tumbas de Alexander y Eliza Hamilton y palpado con nuestros dedos el grabado de las fechas en las tumbas en pueblitos alejados. Y sí, nos hemos sentado al lado de las tumbas de aquellos con quienes hemos estado íntimamente conectados, nuestros amigos y familiares.

No es que sea morbosa. Visitar los cementerios, recordar historias de aquellos que conocimos e imaginar historias de los que no hemos conocido hace más palpable la diferencia entre los que están bajo tierra y yo. Me hace sentir viva.

Al visitar cementerios, estoy enseñándoles a mis niños acerca de una tradición cristiana de siglos, memento mori, un concepto prestado por los primeros cristianos de los estoicos griegos, memento mori es simplemente traducido del latín como “recuerda que morirás”.

Memento mori lleva a nuestra vida diaria la frase del Miércoles de Ceniza: “Recuerda que del polvo vienes y al polvo volverás”. Estas palabras sirvieron como instrucción espiritual desde la era medieval hasta la era victoriana — a los que lucharon en batalla, los que fueron enviados a alta mar, a las mujeres parturientas y los que enfrentaron las pruebas del día a día.

Recordamos que vamos a morir, para poder vivir — vivir bien.

Durante el último siglo, nos hemos alejado del concepto de la muerte. La muerte ahora sucede fuera de nuestra vista. Hablar de la muerte es un tabú — tanto que estar de duelo se ha convertido en una carga privada que debemos sobrellevar solos.  

Y ahora, en este último año, la muerte llamó a nuestra puerta. La muerte, y nuestro miedo a ella, se ha convertido en una experiencia compartida. Estamos aterrorizados, pero no podemos escondernos. No podemos apagar las luces y fingir que no estamos en casa.  

Y para nosotros, los cristianos, si realmente creemos en lo que decimos que creemos, ¿por qué nos asustamos?

Las prácticas espirituales de memento mori enfrentan la muerte, hasta que ya no la encontremos aterradora. Algunos practican esta disciplina en oración, o colocando una calavera en un lugar de prominencia a modo de recordatorio. Para mi familia, nuestras visitas a las tumbas cumplen ese objetivo. Recordamos que un día moriremos, y al hacerlo, nos aferramos a la vida.

La poetisa Mari Oliver escribió: “Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida? La práctica espiritual memento mori nos fuerza a hacernos esta pregunta todos los días. Al responderla, comenzamos a vivir más intencionalmente. Pensamos acerca de dónde pasamos nuestro tiempo, en qué gastamos nuestros recursos, nuestra energía. Hacer bien nuestro trabajo en la oficina o en la casa cobra una nueva importancia, así como también lo hace compartir nuestro amor con aquellos que nos rodean.

La práctica espiritual memento mori nos desafía a mirar el nuevo día como un regalo — uno que no queremos desperdiciar. Vivimos cada día al máximo, porque puede ser el último.

Solo tenemos hoy. Es todo lo que siempre hemos tenido.

Noroeste Católico - Noviembre 2020

Shemaiah Gonzalez

Shemaiah Gonzalez, a member of St. James Cathedral Parish, is a freelance writer with degrees in English literature and intercultural ministry. Find more of her writing at shemaiahgonzalez.com.
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Shemaiah Gonzalez, miembro de la parroquia de la Catedral de Saint James, es escritora independiente con diplomas en Literatura inglesa y Ministerio Intercultural. Puedes encontrar más de sus redacciones en: shemaiahgonzalez.com.