¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro? (Salmo 12,2)
Han pasado días, semanas y meses, viviendo afligido
por la sombra constante de una pandemia
que nos enferma, nos aísla, nos asusta y nos quita la vida.
Prisionero de un confinamiento;
alejado de mis seres queridos;
viendo a quienes más quiero, enfermos haber caído.

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